Guerra mundial a pedazos

Lara Montoya

París, la ciudad luz, luz que ha sido arrebatada por la oscuridad de la muerte. El odio ciego y enfurecido de los integrantes del Estado Islámico acabó con la una jornada típica de un viernes de otoño: un partido amistoso en el Estadio de Francia, un concierto de metal en la sala de fiestas de Bataclan, momentos de compartir en el restaurante La Belle Équipe y el café Bonne Bière. En cuestión de minutos se convirtieron en escenarios de muerte, de deseo de venganza hacia muchas personas que no tienen nada que ver con el odio racial y étnico que –con hechos como este- divide cada vez más nuestro planeta entre oriente y occidente.

Como lo repite el Papa Francisco en diferentes intervenciones: Estamos viviendo la tercera guerra mundial a pedazos.

De estos pedazos podemos hacer un recorrido rápido por algunos atentados terroristas ocurridos este año (¡y no están todos!): La masacre en Charlie Hebdo que dejó doce muertos, el atentado en Trípoli que dejó el mismo saldo de víctimas, los 21 cristianos coptos decapitados en Libia, el atentado en el museo Bardo de Túnez que dejó 23 muertos, la masacre en el campus universitario de Garissa en Kenia que cobró 147 víctimas, la mayoría estudiantes; el avión de Germanwings que estrelló intencionalmente el copiloto suicida Andreas Lubitz con 150 pasajeros, el tiroteo en el Centro Universitario de Oregón en Estados Unidos que dejó 10 muertos, el atentado contra un avión ruso en el que viajaban 224 personas a bordo y que fue atribuido por el Estado Islámico. Todas perecieron.

Y mientras recordaba estos pedazos de guerra –algunos causados por integrantes del Estado Islámico, otros, por individuos que simplemente quisieron hacerlo- me preguntaba: ¿Qué puede pasar por la cabeza y por el corazón de quienes piensan en estas carnicerías humanas? ¿Cómo pueden idear, aliarse y planear estas ejecuciones para luego celebrar y calificar de exitosos los atentados que dejan como saldo la muerte de tantos inocentes? ¿La soledad de sus seres queridos? ¿El resentimiento y el deseo de venganza?

Y al leer sus historias vemos que muchos de quienes se unen a los grupos extremistas son jóvenes sin identidad ni esperanza, rechazados por su lugar de origen, que buscan refugio y valoración en una organización terrorista, pensando que la venganza hacia civiles que no tienen nada que ver con ellos es la mejor manera de desfogar sus sufrimientos, de honrar el nombre de Alá (una blasfemia, como calificó el Papa), sin dimensionar las consecuencias que esto trae también para ellos mismos y para su misma nación de origen, ya que con esto logran que se vuelvan más duras las políticas de migración que podrían favorecer a los suyos.

El deseo de venganza, -también de parte de Francia con los bombardeos hacia Siria- hace que perdamos nuestra capacidad de asombro frente a tanto mal. Pareciera exagerado (¡y ojala lo fuera!), decir que estamos en la tercera guerra mundial. “Este es un pedazo, no hay justificación para hacer semejantes cosas”, dijo el Papa en una entrevista al canal italiano TV tras enterarse de los atentados.

Ofrezco mi pobre oración por el alma de las víctimas y por sus familias. Para que en sus corazones reine el perdón en lugar del resentimiento. Porque la suma de tantos odios que brotan de las malas opciones del corazón humano es el origen de esta guerra a pedazos.

Próximamente: Arzobispo a los diáconos: “Hagan que sus matrimonios se destaquen”

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“Es esencial que sus matrimonios se destaquen”, dijo el arzobispo Samuel J. Aquila a los nueve hombres que fueron ordenados diáconos permanentes el pasado 17 de junio en la catedral basílica Immaculate Conception.

En la misma ceremonia fue ordenado también un diácono transitorio. Se trata de Shannon Thurman quien actualmente está estudiando en el seminario St. John XXIII de Massachusetts para ser sacerdote de la Arquidiócesis de Denver.

Los nuevos diáconos permanentes son: David Arling y Hal Goldwire, ambos del estado de Ohio; Ronald F. Beck, Robert Lanciotti, Ernest Martinez, Darell Nepil, y Pat Travis de Colorado; Geoffrey Bennett de Pensilvania y Greg Perzinski de Wyoming.

“Como diáconos ustedes están llamados a servir de diferentes maneras”, dijo el Arzobispo en su homilía antes de la ordenación. “Recuerden que el matrimonio es su primera vocación y que siempre debe ir primero”.

Monseñor Aquila les hizo un llamado a ser testigos en el mundo “del don y de la bendición del matrimonio”.

El Arzobispo, dirigiéndose a los sacerdotes que estarán trabajando con los diáconos en las parroquias, les alentó a recordar también que los diáconos son hombres casados, con esposa, hijos y nietos”.

“Ellos tienen familia. Tienen responsabilidades. Y uno de ellos es todavía joven y tiene seis hijos”, dijo el Arzobispo refiriéndose al diácono Greg Perzinski de 39 años, quien servirá en la parroquia Michael the Archangel en Aurora.

El Arzobispo dijo también que los diáconos son “testigos en el mundo”.

“Que el Señor cuya palabra es verdad, (…) continúe fortaleciéndolos y continúe guiándolos en su ministerio”, dijo. “Que ustedes continúen abriendo sus corazones, como María, a una mayor receptividad a su palabra”.

“Sepan que María intercede por ustedes todos los días como hijos para llevaros al único hijo, su hijo, Jesucristo. Que su amor por Él continúe aumentando cada día y que ustedes sean fieles siervos de Cristo en la Iglesia”.

Los diáconos se postraron en el suelo ante el altar mientras que el coro y los fieles cantaban la letanía de los santos. El Arzobispo puso sus manos en cada uno de los elegidos y pronunció silenciosamente las palabras de la ordenación. Cada uno fue presentado con los libros del Evangelio  como símbolo de que cada uno está llamado a creer, enseñar y practicar la Palabra de Dios.

¿Qué es el diácono permanente?

Es el primer grado del sacramento del orden. Inferior al de los presbíteros y obispos. Los diáconos asisten al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma. Asisten a la celebración del matrimonio, proclaman y predican el Evangelio, pueden administrar el sacramento del Bautismo, presidir exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad.  Todo sacerdote debe ser ordenado primero diácono transitorio. En cambio, el diaconado permanente puede ser conferido a hombres casados, lo cual constituye un enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia.

Fuente: Catecismo de la Iglesia Católica 1569 – 1571.