Guerra mundial a pedazos

Carmen Elena Villa

París, la ciudad luz, luz que ha sido arrebatada por la oscuridad de la muerte. El odio ciego y enfurecido de los integrantes del Estado Islámico acabó con la una jornada típica de un viernes de otoño: un partido amistoso en el Estadio de Francia, un concierto de metal en la sala de fiestas de Bataclan, momentos de compartir en el restaurante La Belle Équipe y el café Bonne Bière. En cuestión de minutos se convirtieron en escenarios de muerte, de deseo de venganza hacia muchas personas que no tienen nada que ver con el odio racial y étnico que –con hechos como este- divide cada vez más nuestro planeta entre oriente y occidente.

Como lo repite el Papa Francisco en diferentes intervenciones: Estamos viviendo la tercera guerra mundial a pedazos.

De estos pedazos podemos hacer un recorrido rápido por algunos atentados terroristas ocurridos este año (¡y no están todos!): La masacre en Charlie Hebdo que dejó doce muertos, el atentado en Trípoli que dejó el mismo saldo de víctimas, los 21 cristianos coptos decapitados en Libia, el atentado en el museo Bardo de Túnez que dejó 23 muertos, la masacre en el campus universitario de Garissa en Kenia que cobró 147 víctimas, la mayoría estudiantes; el avión de Germanwings que estrelló intencionalmente el copiloto suicida Andreas Lubitz con 150 pasajeros, el tiroteo en el Centro Universitario de Oregón en Estados Unidos que dejó 10 muertos, el atentado contra un avión ruso en el que viajaban 224 personas a bordo y que fue atribuido por el Estado Islámico. Todas perecieron.

Y mientras recordaba estos pedazos de guerra –algunos causados por integrantes del Estado Islámico, otros, por individuos que simplemente quisieron hacerlo- me preguntaba: ¿Qué puede pasar por la cabeza y por el corazón de quienes piensan en estas carnicerías humanas? ¿Cómo pueden idear, aliarse y planear estas ejecuciones para luego celebrar y calificar de exitosos los atentados que dejan como saldo la muerte de tantos inocentes? ¿La soledad de sus seres queridos? ¿El resentimiento y el deseo de venganza?

Y al leer sus historias vemos que muchos de quienes se unen a los grupos extremistas son jóvenes sin identidad ni esperanza, rechazados por su lugar de origen, que buscan refugio y valoración en una organización terrorista, pensando que la venganza hacia civiles que no tienen nada que ver con ellos es la mejor manera de desfogar sus sufrimientos, de honrar el nombre de Alá (una blasfemia, como calificó el Papa), sin dimensionar las consecuencias que esto trae también para ellos mismos y para su misma nación de origen, ya que con esto logran que se vuelvan más duras las políticas de migración que podrían favorecer a los suyos.

El deseo de venganza, -también de parte de Francia con los bombardeos hacia Siria- hace que perdamos nuestra capacidad de asombro frente a tanto mal. Pareciera exagerado (¡y ojala lo fuera!), decir que estamos en la tercera guerra mundial. “Este es un pedazo, no hay justificación para hacer semejantes cosas”, dijo el Papa en una entrevista al canal italiano TV tras enterarse de los atentados.

Ofrezco mi pobre oración por el alma de las víctimas y por sus familias. Para que en sus corazones reine el perdón en lugar del resentimiento. Porque la suma de tantos odios que brotan de las malas opciones del corazón humano es el origen de esta guerra a pedazos.

Próximamente: Monseñor Rodríguez habla sobre su primer año como obispo

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En entrevista con Denver Catholic en Español el obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez habla sobre su primer año en el episcopado, sobre las nuevas tareas que ha debido asumir y sobre las reflexiones que le surgen en estos primeros doce meses.

 ¿Cuáles han sido los momentos más destacados en este primer año como obispo?

La ceremonia de ordenación el 4 de noviembre del año pasado, mi visita como obispo a mi diócesis de origen y la celebración con mi familia. También el encuentro con el Papa Francisco el pasado 14 de septiembre.

¿Cómo ha sido para usted esta experiencia de transición de ser párroco de Holy Cross a obispo auxiliar de Denver?

No fue fácil. Como sacerdote uno tiene necesidad de su familia parroquial. Tuve que dejarla y con ella dejar los planes y sueños en que veníamos trabajando. Como obispo el ritmo de trabajo es más intenso que el que tenía en la parroquia, pero muy diverso.

Recientemente fue también nombrado Vicario para el Clero ¿cómo es su experiencia de acompañar a los sacerdotes de la arquidiócesis?

Descubrí que la oficina del Vicario para el Clero incluye mucho trabajo de administración. Mi reto es no dejarme absorber por ella, sino estar disponible y en contacto frecuente con mis hermanos sacerdotes. Gracias a Dios, siempre he tenido mucho aprecio por mis hermanos sacerdotes y me da mucho gusto estar en su compañía. Mi nueva posición me da la oportunidad de transformar la amistad con ellos en servicio y apoyo. Ojalá que ellos también sientan que cuentan conmigo, más como hermano que como un burócrata encargado de supervisarlos. Los sacerdotes, junto con nuestro Arzobispo y nuestros hermanos diáconos, formamos una unidad. Quiera Dios que esta unidad que viene y fue querida por nuestro Señor Jesucristo, pase también por el corazón y la fraternidad.

¿Cómo ve la comunidad hispana en esta arquidiócesis? ¿Qué fortalezas y cuáles aspectos por mejorar?

La veo como un regalo providencial de Dios, como una infusión de vida, de fe, de tradiciones y de alegría en nuestra Iglesia Católica. Los católicos hispanos traen una fuerte devoción a la Eucaristía, a la Virgen María, al Santo Padre. Tienen mucho aprecio por sus sacerdotes y llenan de actividad las comunidades, por medio de los grupos de oración y los movimientos apostólicos.

Pero la comunidad hispana viene a insertarse en la Iglesia Católica que vive en los Estados Unidos y que tiene también su propia belleza y dones. Esto significa que hay que aprender a adaptarse a sus modos organizativos y a su empeño personal y económico con la parroquia. Al venir a los Estados Unidos, los hermanos hispanos se encuentran en un medio diverso, donde la mayoría pertenece a una grande variedad de iglesias protestantes. Por ello es importante que se eduquen en la fe, que conozcan su fe católica para que puedan responder a sus cuestiones y retos. Nuestra comunidad hispana tiene un corazón católico grande, pero necesita crecer en su conocimiento de la fe.

Las estadísticas dicen que solo el 3% de los seminaristas de Estados Unidos son hispanos ¿Cómo incentivar la pastoral vocacional en esta comunidad?

Nos conviene hacer un plan. El plan debe partir de las familias porque está comprobado que las vocaciones sacerdotales suelen venir de familias católicas sólidas y practicantes. Las vocaciones nacen más naturalmente de familias que rezan unidas, que asisten juntos a la Santa Misa los domingos; familias honestas donde se vive la fe y el amor.

Pero también hace falta una pastoral vocacional hecha de oración por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada; de un programa de retiros, charlas y actividades en las que se presente a los jovencitos y chicas la belleza de consagrar la vida a Dios y al servicio de los hermanos; actividades de servicio a los más necesitados y a los que sufren, donde los jóvenes sientan la alegría del dar y que se ensanchen sus corazones para la donación total. El plan también debería incluir una participación más directa de los párrocos, que son los primeros en descubrir signos de vocación en los jóvenes.

En la vida de hoy se hace más difícil escuchar la llamada de Dios. El ruido del mundo impide que nuestros jóvenes oigan ese susurro en su corazón. Creo que parte del plan sería también encontrar medios para proteger a los jóvenes de la superficialidad y  el egoísmo del mundo, y abrirlos a la vida de oración, a la vida interior y a la apertura al llamado de Dios.

Los inmigrantes afrontan hoy muchos desafíos con el nuevo gobierno y el anuncio de la cancelación del DACA. ¿Qué mensaje podemos darles?

El mensaje de la esperanza. No está dicha la última palabra. Los gobiernos pasan, cambian, rechazan leyes, hacen leyes nuevas, las modifican. Dios es el Señor de la historia y del mundo. Su Palabra nos invita a poner toda la confianza en Él. ¿No nos dijo Jesús que valemos mucho más que los pajarillos y los lirios, que Dios cuida con tanto afecto y atención? ¿Y que no cae la hoja del árbol sin que Dios lo sepa? La vida sigue adelante y nunca hay que renunciar a los sueños. Siempre hay que ser un dreamer en la vida.

¿Qué frutos puede traer el V Encuentro a la pastoral hispana de Estados Unidos?

Creo que el V Encuentro tendrá un primer gran fruto en los que lo están caminando porque cada uno de ellos descubrirá al final del camino, que ahora posee un alma misionera, que está encendida por el amor de Dios. Estos líderes misioneros llevarán el fuego del V Encuentro a sus comunidades. Esto podría convertirse en un gran incendio del fuego del Espíritu, capaz de transformar la Iglesia Católica en los Estados Unidos, pasando de ser una Iglesia encerrada en sí misma a ser una Iglesia misionera.

Otro fruto creo que será darnos cuenta de la fuerza transformante que los jóvenes hispanos poseen en nuestra Iglesia. Ellos tomarán conciencia de su grande protagonismo, y los adultos nos daremos cuenta de la vida y futuro que los jóvenes representan para todos.

Usted estuvo recientemente en Roma en una reunión de nuevos obispos con el Santo Padre ¿Cómo fue esta experiencia? ¿Cuál fue el mensaje del Papa a quienes comienzan en el ministerio episcopal?

Siempre estar en la presencia del Santo Padre te da una emoción especial. Sabemos que es un hombre, pero al mismo tiempo como que nos hace sentir a Jesús, y nos hacer sentir Iglesia. Es un hombre sencillo en sí mismo, sin pretensiones y cercano. Cuando te saluda te mira a los ojos y hace ese momento fugaz muy personal. Cuando lo tuve enfrente aproveché para agradecerle su apoyo a los inmigrantes en los Estados Unidos.

Su mensaje a los nuevos Obispos fue de apertura al Espíritu Santo, que es quien guía a la Iglesia; apertura a nuevos modos, nuevas ideas, nuevas estrategias, evitando la rigidez y cerrazón en esquemas pasados que ya no corresponden a la realidad.