Formando pastores con “olor a oveja”

Los dos Seminarios de Denver cuentan con nuevos Rectores

El Seminario Teológico San Juan Vianney y el Seminario Redemptoris Mater, ubicados en el Centro Juan Pablo II para la Nueva Evangelización, inician el año con nuevos aires en la formación de los futuros sacerdotes de la arquidiócesis. Ambos institutos cuentan con nuevos rectores.

Redemptoris Mater

El P. Tobías Rodríguez Lasa, de 49 años, es el nuevo responsable del Redemptoris Mater mientras que el P. Scott Traynor, de 42 años,  se encargará de San Juan Vianney.

El pasado 25 de noviembre, el P. Tobías inició su trabajo en Denver a cargo de 30 seminaristas de diversas culturas, pero la ceremonia oficial de su instalación como nuevo rector será el 24 de enero a las 5:30 p.m. El Arzobispo Samuel J. Aquila presidirá la solemne ceremonia.

El P. Tobías nació en España y entró como seminarista al Seminario Redemptoris Mater en Kearny, New Jersey. En el 2002 fue nombrado vicario parroquial en St. Mary Star of the Sea, en Bayonne. Luego en el 2004 regresó al seminario para servir como vice rector.

El seminario Redemptoris Mater de Denver es uno de los 100 seminarios Redemptoris Mater que existen en el mundo, y uno de los 6 que están en Estados Unidos.

San Juan Vianney

Entre tanto, el seminario vecino, San Juan Vianney, también ha estrenado rector. El P. Traynor, sucede a Msgr. Michael Glenn quien fue rector durante 12 años, y al Arzobispo Aquila quien fue el primer rector del Seminario Teológico.

“Estoy muy agradecido no sólo por haber sido llamado a trabajar en la formación de sacerdotes como rector, sino por poder hacerlo en este seminario en particular. San Juan Vianney es una joya en la Iglesia”, dijo el P. Traynor.

Su instalación como rector fue el 12 de diciembre, fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, hecho que agradece de manera particular.

“Nuestra Señora de Guadalupe se apareció a Juan Diego llevando a Jesús en su vientre, donde el Padre estaba tejiendo la perfecta humanidad de su Hijo con el poder del Espíritu Santo”, dijo el sacerdote. “Ella es un gran ícono de todo el esfuerzo por la formación sacerdotal”, agregó.

El P. Traynor asume su nueva responsabilidad con mucho ardor: “La Iglesia necesita sacerdotes bien formados, santos y generosos. Quiero entregarme completamente, con humildad, alegría y confianza, a la misión de formar esos sacerdotes”, concluyó.

 

 

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.