Fieles de Denver dan la despedida final al Padre Tomás Fraile

Féretro del sacerdote partió en procesión en medio de aplausos y cantos

Lara Montoya

El 26 de marzo, más de 3 mil fieles de Colorado se dieron cita en la parroquia San Cayetano para ofrecer el último adiós al sacerdote Teatino Tomás Fraile, quien fue párroco de dicha Iglesia por más de 41 años. 

La Misa de resurrección fue presidida por Mons. Samuel Aquila, Arzobispo de Denver y concelebrada por la comunidad de Teatinos y sacerdotes de la Arquidiócesis de Denver.

Durante la homilía, el P. Lawrence Gallegos de la orden Teatina, recordando la vida del P. Tomás señaló que “San Cayetano- Fundador de los Teatinos- debe estar orgulloso de su hijo Tomás, quien ofreció  41 años de servicio a la gente de Colorado, servicio a su orden y servicio a la Iglesia en esta parroquia”.

“¡Cuántos sacramentos celebró para nosotros- continuó el P. Lawrence-, bautizos, primeras comuniones, confesiones, a cuántos agonizantes asistió con los últimos sacramentos!, todo eso no se puede contar, sólo Dios sabe y será Dios quien lo premie”.

Asimismo el sacerdote Teatino, expresando su dolor y tristeza por esta pérdida y consolado a quienes lloraban su partida, señaló que en medio de la tristeza, tenían que alegrarse, “esto no se termina, hoy empieza una nueva etapa, para Tomás y para todos nosotros, porque ustedes son la semilla de todo lo que él sembró, ustedes serán quienes escriban una nueva historia. Hoy le decimos adiós al Padre Tomás y el desde arriba nos responde ¡con ánimo, adelante!”

El Arzobispo Aquila ofreció también algunas palabras en español a los presentes, expresándoles su deseo de acompañarlos “en este día en el que sus corazones se despiden de un sacerdote que se entregó incansablemente a ustedes por más de cuarenta años”.

Mons. Aquila señaló que “San Cayetano fue una de las primeras parroquias hispanas en la Arquidiócesis de Denver, una de las pioneras en servir a esta comunidad tan querida entre nosotros.  Y el Padre Tomás juntó con sus hermanos Teatinos se han entregado día a día por todos y cada uno de ustedes. ¡Cuántos de ustedes podrán decir que están aquí en la Iglesia porque aquí se sintieron comprendidos y acogidos! Y el Padre Tomás hizo mucho porque así fuera”.

Finalmente el Arzobispo de Denver dijo que “nuestra Madre Santa María de Guadalupe, a quien él tanto quiso a pesar de no ser mexicano, lo debe tener ya cerca de su corazón y entre sus brazos. ¡Gracias por todo lo que hizo padre Tomás, lo vamos a extrañar!”.

El prelado leyó además unas palabras enviadas por el Cardenal Francis Stafford, quien fue Arzobispo de Denver desde 1986 a 1997. La nota decía: “Mientras lo conocía mejor, más lo admiraba- decía la carta, refiriéndose al P. Tomás-. Élfue un hombre íntegro, un hombre maduro en Cristo. Era conocido por su fidelidad. Muchos admiraban su silenciosa lealtad hacia el Padre Prohens, su párroco por muchos años. El P. Prohens le enseñó a ser un hijo ejemplar de San Cayetrano, fundador de los Teatinos. En su largo y fiel ministerio en la parroquia San Cayetano, el P. Tomás se convirtió en un “cazador de almas”. Un buen religioso fue descrito alguna vez como “alguien que nunca busca lo que considera mejor para sí mismo, sino en cambio, lo que considera mejor para los demás”. Día y noche el P. Tomás fue ese tipo de religioso ¡Que descanse en Paz!”.

El Padre Tomás llegó a Denver en abril de 1971, y el 6 de marzo de  1973 inició su servicio en la Parroquia San Cayetano como Párroco asociado, junto a su entrañable hermano y compañero de misión, el P. Jaime Prohens, quien fue párroco de dicha comunidad hasta su fallecimiento en el 2007. Desde ese entonces, el P. Fraile asumió el cargo de párroco y lo ejerció hasta poco antes que fuera llamado a la presencia del Señor.

Como lo recuerdan muchos de sus parroquianos y hermanos sacerdotes, el Padre Tomás fue un amante de las Escrituras, “las tenía grabadas en su corazón” recordó el P. Gallegos, y continuó diciendo que “sus homilías eran largas, pues tenía tanto en su corazón sobre las Escrituras que quería compartirlo con todos sus fieles, quería que todos nosotros también nos enamoráramos de Jesús”.

Sus últimas palabras antes de partir fueron precisamente las del Salmo 23: “El Señor es mi Pastor nada me falta…”, uno de los fieles que lo acompañó en esos últimos minutos recuerda que, “interrumpió a sus hermanos que rezaban el rosario y les pidió que leyeran ese Salmo,  lo repitió como 15 veces y no dijo más, luego el Señor lo llamó a su presencia”.

Al finalizar la Misa, los fieles se reunieron en el estacionamiento de la parroquia y formaron dos filas a lo largo del recorrido que haría el carro fúnebre que llevaba los restos del sacedote, al pasar el coche aplaudieron entre llantos y gozo, despidiendo así a quien entregó casi toda su vida sacerdotal amándolos y sirviéndolos.

 

 

Próximamente: Monseñor Rodríguez habla sobre su primer año como obispo

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En entrevista con Denver Catholic en Español el obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez habla sobre su primer año en el episcopado, sobre las nuevas tareas que ha debido asumir y sobre las reflexiones que le surgen en estos primeros doce meses.

 ¿Cuáles han sido los momentos más destacados en este primer año como obispo?

La ceremonia de ordenación el 4 de noviembre del año pasado, mi visita como obispo a mi diócesis de origen y la celebración con mi familia. También el encuentro con el Papa Francisco el pasado 14 de septiembre.

¿Cómo ha sido para usted esta experiencia de transición de ser párroco de Holy Cross a obispo auxiliar de Denver?

No fue fácil. Como sacerdote uno tiene necesidad de su familia parroquial. Tuve que dejarla y con ella dejar los planes y sueños en que veníamos trabajando. Como obispo el ritmo de trabajo es más intenso que el que tenía en la parroquia, pero muy diverso.

Recientemente fue también nombrado Vicario para el Clero ¿cómo es su experiencia de acompañar a los sacerdotes de la arquidiócesis?

Descubrí que la oficina del Vicario para el Clero incluye mucho trabajo de administración. Mi reto es no dejarme absorber por ella, sino estar disponible y en contacto frecuente con mis hermanos sacerdotes. Gracias a Dios, siempre he tenido mucho aprecio por mis hermanos sacerdotes y me da mucho gusto estar en su compañía. Mi nueva posición me da la oportunidad de transformar la amistad con ellos en servicio y apoyo. Ojalá que ellos también sientan que cuentan conmigo, más como hermano que como un burócrata encargado de supervisarlos. Los sacerdotes, junto con nuestro Arzobispo y nuestros hermanos diáconos, formamos una unidad. Quiera Dios que esta unidad que viene y fue querida por nuestro Señor Jesucristo, pase también por el corazón y la fraternidad.

¿Cómo ve la comunidad hispana en esta arquidiócesis? ¿Qué fortalezas y cuáles aspectos por mejorar?

La veo como un regalo providencial de Dios, como una infusión de vida, de fe, de tradiciones y de alegría en nuestra Iglesia Católica. Los católicos hispanos traen una fuerte devoción a la Eucaristía, a la Virgen María, al Santo Padre. Tienen mucho aprecio por sus sacerdotes y llenan de actividad las comunidades, por medio de los grupos de oración y los movimientos apostólicos.

Pero la comunidad hispana viene a insertarse en la Iglesia Católica que vive en los Estados Unidos y que tiene también su propia belleza y dones. Esto significa que hay que aprender a adaptarse a sus modos organizativos y a su empeño personal y económico con la parroquia. Al venir a los Estados Unidos, los hermanos hispanos se encuentran en un medio diverso, donde la mayoría pertenece a una grande variedad de iglesias protestantes. Por ello es importante que se eduquen en la fe, que conozcan su fe católica para que puedan responder a sus cuestiones y retos. Nuestra comunidad hispana tiene un corazón católico grande, pero necesita crecer en su conocimiento de la fe.

Las estadísticas dicen que solo el 3% de los seminaristas de Estados Unidos son hispanos ¿Cómo incentivar la pastoral vocacional en esta comunidad?

Nos conviene hacer un plan. El plan debe partir de las familias porque está comprobado que las vocaciones sacerdotales suelen venir de familias católicas sólidas y practicantes. Las vocaciones nacen más naturalmente de familias que rezan unidas, que asisten juntos a la Santa Misa los domingos; familias honestas donde se vive la fe y el amor.

Pero también hace falta una pastoral vocacional hecha de oración por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada; de un programa de retiros, charlas y actividades en las que se presente a los jovencitos y chicas la belleza de consagrar la vida a Dios y al servicio de los hermanos; actividades de servicio a los más necesitados y a los que sufren, donde los jóvenes sientan la alegría del dar y que se ensanchen sus corazones para la donación total. El plan también debería incluir una participación más directa de los párrocos, que son los primeros en descubrir signos de vocación en los jóvenes.

En la vida de hoy se hace más difícil escuchar la llamada de Dios. El ruido del mundo impide que nuestros jóvenes oigan ese susurro en su corazón. Creo que parte del plan sería también encontrar medios para proteger a los jóvenes de la superficialidad y  el egoísmo del mundo, y abrirlos a la vida de oración, a la vida interior y a la apertura al llamado de Dios.

Los inmigrantes afrontan hoy muchos desafíos con el nuevo gobierno y el anuncio de la cancelación del DACA. ¿Qué mensaje podemos darles?

El mensaje de la esperanza. No está dicha la última palabra. Los gobiernos pasan, cambian, rechazan leyes, hacen leyes nuevas, las modifican. Dios es el Señor de la historia y del mundo. Su Palabra nos invita a poner toda la confianza en Él. ¿No nos dijo Jesús que valemos mucho más que los pajarillos y los lirios, que Dios cuida con tanto afecto y atención? ¿Y que no cae la hoja del árbol sin que Dios lo sepa? La vida sigue adelante y nunca hay que renunciar a los sueños. Siempre hay que ser un dreamer en la vida.

¿Qué frutos puede traer el V Encuentro a la pastoral hispana de Estados Unidos?

Creo que el V Encuentro tendrá un primer gran fruto en los que lo están caminando porque cada uno de ellos descubrirá al final del camino, que ahora posee un alma misionera, que está encendida por el amor de Dios. Estos líderes misioneros llevarán el fuego del V Encuentro a sus comunidades. Esto podría convertirse en un gran incendio del fuego del Espíritu, capaz de transformar la Iglesia Católica en los Estados Unidos, pasando de ser una Iglesia encerrada en sí misma a ser una Iglesia misionera.

Otro fruto creo que será darnos cuenta de la fuerza transformante que los jóvenes hispanos poseen en nuestra Iglesia. Ellos tomarán conciencia de su grande protagonismo, y los adultos nos daremos cuenta de la vida y futuro que los jóvenes representan para todos.

Usted estuvo recientemente en Roma en una reunión de nuevos obispos con el Santo Padre ¿Cómo fue esta experiencia? ¿Cuál fue el mensaje del Papa a quienes comienzan en el ministerio episcopal?

Siempre estar en la presencia del Santo Padre te da una emoción especial. Sabemos que es un hombre, pero al mismo tiempo como que nos hace sentir a Jesús, y nos hacer sentir Iglesia. Es un hombre sencillo en sí mismo, sin pretensiones y cercano. Cuando te saluda te mira a los ojos y hace ese momento fugaz muy personal. Cuando lo tuve enfrente aproveché para agradecerle su apoyo a los inmigrantes en los Estados Unidos.

Su mensaje a los nuevos Obispos fue de apertura al Espíritu Santo, que es quien guía a la Iglesia; apertura a nuevos modos, nuevas ideas, nuevas estrategias, evitando la rigidez y cerrazón en esquemas pasados que ya no corresponden a la realidad.