¿En qué va la construcción del monasterio de las clarisas capuchinas?

Carmen Elena Villa

Las hermanas clarisas capuchinas, cuyo monasterio se encuentra en el sector de Highlands en Denver, están adelantando desde hace varios años un proyecto para construir un convento en una localidad más apartada, que les permita tener un espacio de mayor silencio y recogimiento en su oración.

El monasterio se iba a construir inicialmente en Watkins hacia el sureste de Denver, pero por motivos de terreno las obras no pudieron llevarse a cabo. Es por ello que actualmente las religiosas tienen este terreno en venta y han aceptado la donación de otro en Beyers, al este de Denver.

“En este momento estamos trabajando con una arquitecta para actualizar los planos que ya teníamos para el otro proyecto”, dijo al Denver Catholic en Español la hermana María de Cristo, abadesa de este monasterio. La religiosa asegura que el siguiente paso es conseguir los permisos respectivos para la construcción y mientras tanto seguir recaudando fondos “aunque hemos recibido ayudas de algunas fundaciones y de personas particulares, así como lo obtenido en los eventos anuales de recaudación, todavía nos falta bastante para completar lo requerido para la construcción”, indica la religiosa.

En caso de que obtengan los permisos, la construcción del monasterio comenzaría en otoño próximo.

La comunidad de las hermanas clarisas capuchinas fue fundada en el siglo XIII por San Francisco y Santa Clara de Asís. La Reforma capuchina comenzó en el siglo XVI en Italia, y a finales del mismo se fundó el primer monasterio en España. En 1665 llegó de España el primer grupo de capuchinas a México. La fundación del monasterio Our Lady of Light en Denver se estableció el 17 de diciembre de 1988 con un grupo de religiosas provenientes del monasterio de Irapuato, Guanajuato, México. Actualmente son siete religiosas de votos perpetuos y este año están celebrando el 30 aniversario del establecimiento de su comunidad en Denver.

Las Clarisas Capuchinas son contemplativas, sus vidas giran en torno a la oración, el trabajo manual, el estudio y el silencio; todo para la mayor gloria de Dios. Siguiendo el ejemplo de Jesucristo, que vivió una vida escondida en Nazaret ellas viven una vida de clausura que representa es un signo visible de su total consagración a Dios. Viven en comunidad, abrazan alegremente una vida de pobreza y fraternidad.

Las religiosas están organizando un evento de recaudación de fondos el próximo 21 de abril a las 5:30 p.m en el salón de los Caballeros de Colón 1555 Grant St. Denver CO 80203. Informes en el teléfono 303-458-6339

Próximamente: Usa las redes ¡pero úsalas bien!

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Por: Briana Heldt

Tal vez soy solo yo, pero tengo una relación total de amor y odio con las redes sociales. Hay una semana en la que paso demasiado tiempo en Facebook, leyendo los hilos una discusión e incluso, de vez en cuando participando. Pero luego me canso de haber invertido (léase: desperdiciado) tanto tiempo allí, que me desconecto por completo durante semanas. Supongo que podrías llamarlo una “resaca” de Facebook.

Últimamente parece un lugar de mucho enojo, particularmente cuando se trata de asuntos culturales, sociales y políticos. Atrás quedaron los días de lindas fotos de bebés y memes de gatos gruñones. Pero también sé que, como católicos, no podemos darnos el lujo de desvincularnos del todo. Es nuestro deber moral perseguir, promover y enaltecer el bien común. La fe católica no es un medio privatizado e individualista para resolver nuestra salvación, sino una fe vivida y experimentada en comunidad. Después de todo, venimos a recibir juntos la Eucaristía en la Santa Misa.

¿Pero cómo nos involucramos en Facebook (u otras plataformas) en una era de tanta confusión y polarización, sin perder por completo nuestro equilibrio mental? Y, ¿vale la pena hacerlo?

Creo que es importante reconocer las limitaciones y la influencia de las redes sociales. Por un lado, las plataformas como Facebook e Instagram siguen siendo sustitutos muy pobres de la auténtica interacción cara a cara con otra persona. Ofrecen un nivel de anonimato que permite un comportamiento del que la mayoría de las personas probablemente se avergonzaría de mostrar en persona. Peor aún, en cierto sentido es una forma de hacer creer que ninguna de tus interacciones está sucediendo realmente en el mundo real. Las personas harían bien en tomarse el tiempo que están pasando en las redes sociales, invirtiéndolo en la comunidad parroquial o en el vecindario.

 

Pero dicho todo esto, no podemos negar que el continente digital ejerce una enorme cantidad de alcance e influencia. Antes de mi conversión al catolicismo, no conocía a ningún católico en la vida real. La única información que tenía estaba en libros y en línea. Entonces, llegué a apreciar realmente al pequeño grupo de católicos con una fuerte presencia en la web, que hizo accesibles los principios de la fe cuando aún no tenía una comunidad parroquial propia. Por lo tanto, tiene sentido que los católicos (que desean hacerlo) vivan su fe públicamente, en línea y así, que participen en la cultura general. Ciertamente no debería suplantar la evangelización y la comunidad en la vida real, pero puede ser un complemento (o, como en mi caso, un precursor) de ella. Nunca se sabe quién está mirando y escuchando tu conversación sobre la santidad. No sabes quién está admirando tu estilo de vida católico. Dios hace el trabajo real, por supuesto, pero ciertamente podemos ayudar a plantar las semillas.

Y realmente, ¿quién mejor para enfrentar los problemas de nuestra cultura que la misma esposa de Cristo? Hay una enorme necesidad de católicos al frente de batalla, defendiendo la dignidad de la persona humana, demostrando cómo es el amor de Jesús y haciendo el trabajo largo y duro del Evangelio. Vivimos en una cultura desechable donde ahora incluso las personas, creadas a la imagen y semejanza de Cristo, se han vuelto reemplazables.

Sin embargo, como católicos, somos portadores de la verdad sobre la dignidad de la persona humana y, por lo tanto, somos capaces de tener en el corazón los mejores intereses de nuestras respectivas comunidades, incluso cuando se trata de dar forma a las políticas públicas. Estamos increíblemente bendecidos de tener la enseñanza social de la Iglesia, marcada por elementos como la subsidiariedad y una opción preferencial por los pobres. (¡La participación en la comunidad es otra!) Si no ofrecemos verdad, belleza y bondad al mundo que nos rodea, ¿quién lo hará?

Por supuesto, esto significa que tenemos que educarnos sobre lo que realmente es el bien común. Parece que las plataformas de redes sociales en estos días están llenas de poco más que emoticons y discusiones. La mayoría de las personas tienen buenas intenciones, pero aún no poseen información precisa. (¿Te suena familiar? ¡Esto resume casi la mitad de las publicaciones que veo en mi Facebook!)

Entonces, debemos conocer nuestro Catecismo, estar familiarizados con la Sagrada Escritura y entender las razones detrás de lo que enseña nuestra Iglesia. De esa manera, si surge un tema controvertido como el matrimonio homosexual en una conversación, podemos responder con caridad y verdad. Podemos hacer buenas preguntas, como cuál es la naturaleza del matrimonio y qué interés tiene el estado sobre este.

Podemos explorar la idea del amor, y si hay o no una propiedad objetiva para él, y si alguien afirma que no existe, podemos considerar las implicaciones para la sociedad cuando el amor es simplemente un sentimiento pasajero. Dicen que se capta más de lo que se enseña, y eso es cierto, pero para participar bien en una discusión productiva, también debemos tener conocimiento de lo que hablamos.

Finalmente, y sé que esto es algo obvio, primero debemos permanecer cerca de Jesús.

Asistir a la Santa Misa, pasar tiempo en oración y participar en la vida parroquial son realmente las únicas formas de mantener el enfoque correcto en nuestro mundo trastornado. No nos molestará la persona inevitable “que está mal en Internet” porque, en última instancia, nuestra vida no se vive allí. Tenemos otras cosas mejores que pensar y hacer.

Además, ¿cómo podemos estar seguros de que estamos pensando correctamente sobre algo cuando no estamos caminando cerca de nuestro Señor? Esto también es crucial para ahogar el ruido omnipresente que amenaza con invadir nuestras propias almas. ¡La paz de Cristo primero debe habitar en nuestros propios corazones para que podamos ser útiles al resto del mundo!

Durante la Cuaresma, mi objetivo era pasar menos tiempo en las redes sociales. Tal vez hubiera sido mejor aprender a usarlas bien.