El Evangelio nos llama a trabajar en unidad

Escritor Invitado

(Foto de Catholic News Agency)

Por: Alfonso Lara

La fiesta de Pentecostés nos recuerda la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y en la cual conmemoramos el nacimiento de la Iglesia. La Escritura nos narra que se encontraban reunidos cuando recibieron el Espíritu Santo y llenos del mismo, salen a predicar el Kerigma a todos en Jerusalén, sin importar las consecuencias ¡Todos entendían sus palabras!

Solo puedo imaginarme la emoción que los Apóstoles sintieron en esos momentos: la alegría de saber a su Maestro resucitado y a la derecha del Padre, el ánimo alegre y la seguridad que debe haberlos hecho sentir el Espíritu Santo con su llegada. El valor impetuoso de salir a predicar la Buena Nueva por todo el mundo a los demás. Ellos llevaron adelante la misión del Evangelio por todo el mundo y dieron un testimonio alegre de su experiencia con el Señor Jesús. La misma experiencia que los llevó a entregar su vida hasta el final sin importar los riesgos y consecuencias.

Es así como el Evangelio logra su misión: con conflicto. El Evangelio crea conflicto con el cambio que produce, ¡pero este cambio produce algo nuevo! ¡produce algo bueno! Cambia a individuos, a grupos y comunidades, después a una nación y, por último, al mundo entero.

Si las personas cambian, también las prácticas cambian y así las estructuras y las instituciones. Este es el caso de mi equipo completo y nuestra reciente integración a la Oficina de Evangelización de la Arquidiócesis. Hemos dejado nuestras oficinas en Centro San Juan Diego y nos hemos trasladado a las oficinas de la Arquidiócesis, pero lo más importante es que no hemos dejado de servir a quien habla español y necesita apoyo y asistencia en su ministerio.

¡Este es un gran cambio! Un cambio que trae consigo retos y oportunidades. Uno de los más importantes es continuar promoviendo y alcanzar la completa integración de nuestro equipo en la estructura diocesana y la perfecta integración de los Hispanos/Latinos en la vida y misión de la Iglesia y la sociedad. Ahora desde dos lugares, no solo Centro San Juan Diego. Vamos a hacerlo juntos desde Centro y desde las oficinas de la arquidiócesis, es decir, el lugar mismo donde se toman las decisiones para la Iglesia diocesana. No solamente en las decisiones que impactan o benefician a algunos pues eso somos: una Iglesia. Podemos hablar diferentes idiomas, podemos haber venido desde diferentes lugares del mundo, pero como bautizados, somos Uno en Cristo. Somos parte del mismo Cuerpo Místico de Cristo. Somos una Iglesia.

Los católicos hispanos/ latinos hemos contado siempre con el apoyo de nuestro Arzobispo. Él ha acompañado a nuestra comunidad y confía en nosotros; nos ha apoyado con recursos para crecer y formarnos. De esta forma, nuestra Arquidiócesis llegó a tener una de las oficinas más grandes en este país para servir a los que hablamos español. Tenemos un Centro para nuestro ministerio y necesidades, además de un gran talento humano y programas para nuestra superación integral, sobre todo, para avanzar la causa del Evangelio en la Iglesia en Colorado.

Esto no va a cambiar. Al contrario, ¡va a mejorar!

¡Juntos podemos hacerlo! Juntos debemos crear este conflicto que nos provoca el Evangelio. Un conflicto que trae la renovación personal y de nuestra Iglesia. Que, así como cambió la vida y experiencia de los apóstoles y discípulos, cambie nuestra forma de pensar, de ser y de actuar en nuestra Iglesia. Un conflicto que no separe sino que nos una. Esto es hacer nuevo el Evangelio de Jesús.

Que éste Pentecostés, nos llene del mismo Espíritu Santo que invadió a la Iglesia naciente y que podamos ser “La comunidad que está llamada a experimentar la presencia mística del Señor Resucitado y a ser hermanos por compartir la Palabra y la Eucaristía” como lo pide el Papa Francisco en su reciente Exhortación Apostólica “Regocijaos y alegraos”.

Próximamente: Avanza la investigación de imagen de la virgen que llora en Nuevo México

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Por Jaime Septién. Aleteia.org

Si el fenómeno es un engaño “no estamos seguros de cómo se haría, físicamente” dice el obispo de Las Cruces

Una historia de lágrimas –o de aceite de oliva—ha estado corriendo por todas las publicaciones católicas de Estados Unidos. Sucedió con una escultura de bronce de la Virgen de Guadalupe, en la parroquia que lleva su mismo nombre, en el pueblo de Hobbs, Nuevo México.

La parroquia, perteneciente a la diócesis de Las Cruces ha sido visitada ya por muchos peregrinos, pues feligreses informaron, desde mayo pasado, que habían visto que un líquido fluía de los ojos de la Virgen morena.

El obispo Oscar Cantú dijo al periódico Las Cruces Sun-News que se había enviado una muestra del fluido para su análisis científico que determinó que se trata de aceite de oliva, “un aceite de oliva perfumado”.

“Algunos de los testigos afirmaron que olía a rosas, por lo que puede ser algo similar al aceite que bendigo y consagro cada año y que usamos para el bautismo, para las confirmaciones y para la ordenación de los sacerdotes”, agregó el obispo Cantú.

La diócesis de Las Cruces –una de las diócesis con mayor porcentaje de habitantes católicos de origen hispano en Estados Unidos– todavía se encuentra investigando de dónde podría haber provenido el aceite.

“Examinamos el interior de la estatua hueca. No hay nada en el interior que se suponga que no debe estar allí, a excepción de las telarañas. Entonces tomamos fotos; lo examinamos”, dijo el obispo de Las Cruces al rotativo.

Los “frutos” de las lágrimas

Más adelante, agregó que los oficiales se habían contactado con los fabricantes de la estatua para ver si algún fluido o cera podría haber permanecido dentro de la estatua después de haberla lanzado. “En ese proceso, nos aseguraron que no habría posibilidad de que quedara humedad en el bronce”, subrayó el prelado.

El obispo Cantú aseguró que, incluso, si el fenómeno es un engaño “no estamos seguros de cómo se haría, físicamente”.

“Es bronce endurecido. Hemos examinado el interior y no hay nada en el interior”, agregó. Y más adelante dijo: “Si la Iglesia llega a la conclusión de que es un milagro, debe decidir si es de Dios o de un espíritu maligno. Ellos decidirán eso en base a los ‘frutos’ del fenómeno”.

“He leído la mayoría de esos testimonios escritos, y son historias de tremenda fe, personas que han estado lidiando con terribles sufrimientos en sus vidas y han sentido un tremendo consuelo espiritual por el hecho de que María camina con nosotros en nuestras lágrimas”, dijo el obispo Cantú.

“No puedo evitar pensar en mi propio derramamiento de lágrimas por la gente pobre que viene a nuestra frontera, huyendo de situaciones que amenazan la vida. Las lágrimas de esos niños que están separados de sus padres. Hay muchas razones por las que derramaríamos lágrimas, y Dios está con nosotros en esos momentos”.

A los testimonios de conversión y de beneficio espiritual se suman los reportes de los fieles presentes en el momento de las lacrimaciones y ahora los hallazgos de los análisis químicos practicados al líquido obtenido de la imagen.