El desafío de las misas bilingües

Carmen Elena Villa

El libro del Génesis narra la historia de la Torre de Babel en el país de Senaar en el que el ser humano, por su orgullo quiso construir una torre alta con el fin de hacerse famoso “por si nos desperdigamos por toda la haz de la tierra”. Yahveh, enfadado por esta actitud soberbia en la que el hombre quería superar a su creador, optó por confundir su lenguaje “de modo que no entienda cada cual el de su prójimo”. (Gen. 11, 7)

La diferencia de culturas afecta no pocas veces el querer compartir una sola fe. Esto ocurre en países como Estados Unidos, que recibe cada año a miles de inmigrantes entre ellos, muchos cristianos de diferentes denominaciones que quieren seguir celebrando los cultos en su respectivo idioma y con las costumbres propias de su país de origen. La Iglesia Católica no es ajena a este fenómeno.

¿Es posible entonces unir en una sola eucaristía a comunidades que hablan un idioma diferente?

Sobre este tema se refirió el doctor Richard López, director de liturgia de la arquidiócesis de Galveston-Houston y también director de música de la parroquia Holy Ghost de esta ciudad texana. El doctor López ofreció una plática denominada “Celebraciones bilingüe plurilingüe”, en la conferencia litúrgica “¡Despierta la voz!” que se realizó en Cheyenne, Wyoming del 17 al 19 de enero.

El desafío

López citó una reflexión de Martin Luther King quien dijo en una entrevista realizada en 1960 cómo el domingo a las 11 am es “una de las horas más segregadas en la América cristiana. Yo pensaría que, definitivamente la iglesia cristiana debería estar integrada”. Luther King lo decía refiriéndose al hecho de que a la misma hora, la Iglesia Bautista tenía un culto para blancos y en la calle del frente otro para los afroamericanos.

El conferencista se lamentó de que este fenómeno en muchas iglesias “no ha cambiado” y dijo en diálogo con Denver Catholic en español que tanto él como muchos de sus colegas se preguntan: “¿Es esto consistente con el Evangelio” y señaló que como católicos estamos invitados “a trabajar para encontrar diferentes respuestas y soluciones”.

“Estamos celebrando en el mismo edificio, pero separados. La noche en la que aceptamos los nuevos cristianos (la Pascua) los estamos aceptando en diferentes horas”, dijo. Por ello recalcó que es necesario buscar formas de integrar comunidades que en la vida cotidiana “no se juntan para nada”.

López indicó que si la vida nos ha puesto cargas pesadas como la tendencia a celebrar una sola fe en comunidades diferentes “Dios puede liberarnos si tenemos fe y espíritu de sacrificio”.

Una manera de hacer frente a esta tendencia a separar las culturas que comarten una sola fe es por medio de las misas bilingües o plurilingües. Al menos durante las principales celebraciones del año como son la Pascua y la Navidad.

“Es importante entender y conocer que nuestras parroquias en muchos casos hay más de un grupo cultural”, dice López. Grupos provenientes de diversos países que quieren seguir orando en su idioma y conservando sus tradiciones. Y puso así el ejemplo de su parroquia en Houston que reúne comunidades como la americana, hispana, vietnamita y africana.

El doctor Richard Lopez aseguró que las misas bilingües o plurilingües responden a la vocación de la Iglesia de ser universal. No obstante, estas representan un desafío para quien habla un solo idioma y pueden incluso ser una tentación para que el feligrés se distraiga al no entender las lecturas, oraciones o prédicas del ministro ordenado. “Posiblemente no vamos a entender una lectura como la entenderíamos en nuestro idioma nativo, pero vale la pena sacrificarnos porque los fieles de la otra comunidad también lo están haciendo”, puntualiza López, quien dice que ese sacrificio “puede dar frutos para la unidad de la Iglesia”

También señala que la aproximación a las misas bilingües y plurilingües deben ser “de reciprocidad mutua” y se deben expandir “más allá de las celebraciones que subrayan nuestra diferencia multicultural, a liturgias que reflejen relaciones interculturales de la asamblea”.

 

Foto de CNA

Consejos prácticos

Ante estos desafíos el experto propone la elaboración de folletos o cancioneros para todos los fieles. “Si la primera lectura se proclama en español, que aparezca ahí la traducción en inglés y viceversa”, recomienda. “El salmo se puede intercalar una estrofa en español y otra en inglés. También sugiero usar cantos conocidos en inglés y español para que se puedan intercalar las estrofas. Un ejemplo es el canto Pan de vida, o Pescador de hombres”. De esta manera “ninguno está excluido de una participación consciente en la liturgia, independientemente de su idioma”. Para ello propone que las dos comunidades ensayen juntas como una ocasión para vivir la unidad de una sola Iglesia en la diversidad.

Así, con una buena disposición y un espíritu de apertura los fieles pueden compartir una misma fe en una misma Iglesia, más allá de las barreras del idioma y ser como los apóstoles el día de Pentecostés que, como describe el libro de los Hechos de los Apóstoles, pudieron superar las barreras del idioma porque “quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse” (Hch. 2, 4).

Próximamente: La oración es la mejor arma

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¿Sabías que diariamente cada uno de nosotros ve centenares – si no son miles – de avisos publicitarios? De hecho, el censo entre los investigadores de marketing dice que es posible que se vean o escuchen hasta 4 mil por día.

Estamos bombardeados de mensajes y al mismo tiempo nos consuelan las palabras de San Pablo en su carta a los tesalonicenses: “Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (I Tes 5. 16 – 18).

Esta columna es la tercera y final de una serie de artículos que he escrito sobre la Exhortación Apostólica del Papa Gaudete et Exsultate, Regocijaos y alegraos, (las otras dos columnas se han publicado en nuestra página web n.d.t) la cual tiene como objetivo inspirar a todas las personas a la santidad. Como expliqué en mi columna anterior esta semana estaré reflexionando sobre la sección “En oración constante” y “Combate, vigilancia y discernimiento”. He escogido focalizarme específicamente en estas secciones porque ellas nos indican cómo los cristianos debemos interactuar y ver el mundo en el cual vivimos.

Y las preguntas sobre nuestra cosmovisión son especialmente importantes ya que la verdad se vuelve más difícil de descubrir con la avalancha de información que experimentamos.

El Papa Francisco dedica la última sección de su capítulo sobre la santidad al tema “En oración constante”, como la exhortación que hace San Pablo de orar continuamente. Esto suena imposible, y lo sería si tuviéramos que confiar solo en nuestras fuerzas o en nuestra capacidad de concentración. Pero sabemos que “para Dios todo es posible” (Mt. 19, 26).  Este reto es tan importante que el Papa Francisco dice: “No creo en la santidad sin oración” (GE 147).

La batalla que cada uno de nosotros enfrenta cada día y cada minuto está entre las realidades inmediatas que nos rodean en este mundo y las realidades sobrenaurales que se encuentran de manera simultánea en el trabajo. Tendemos a concentrarnos en lo que podemos ver y olvidamos aquello que no podemos ver. El Papa Francisco escribe. “El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo, y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor” (GE 147).

Estar en oración continua no quiere decir recitar plegarias en todo momento o esperar siempre emociones intensas. Significa más bien permanecer en presencia de Dios en todo lo que hagamos.  Hacemos de Dios el final de cada acción, pensamiento o palabra. El Santo Padre cita a San Juan de la Cruz para describir esta manera de vivir. “Procure ser continuo en la oración, y en medio de los ejercicios corporales no la deje. Sea que coma, beba, hable con otros, o haga cualquier cosa, siempre ande deseando a Dios y apegando a Él su corazón” (GE 148).

El secreto de permanecer conectados con Dios en todo momento está en la relación con la Santa Trinidad.  Cuando sepas en tu corazón que tu identidad más fundamental es la de hijo de Dios Padre, serás capaz de pasar tiempo en silencio, descansando en la presencia del Espíritu Santo y escuchando atentamente su palabra. “En ese silencio es posible discernir, a la luz del Espíritu, los caminos de santidad que el Señor nos propone”, dice el Papa Francisco (GE 150).

El tiempo que empleamos encontrando a cada persona de la Santa Trinidad es lo que inflama nuestros corazones y nos cura. Nos permite profundizar en la realidad y aviva nuestra experiencia. El Papa se inspira en una hermosa experiencia de Santa Teresita de Lisieux para describir cómo una comunidad puede ser transformada.

“Una tarde de invierno estaba yo cumpliendo, como de costumbre, mi dulce tarea”, cuenta Santa Teresita. “De pronto, oí a lo lejos el sonido armonioso de un instrumento musical. Entonces me imaginé un salón muy bien iluminado, todo resplandeciente de ricos dorados; y en él, señoritas elegantemente vestidas, prodigándose mutuamente cumplidos y cortesías mundanas. Luego posé la mirada en la pobre enferma, a quien sostenía. En lugar de una melodía, escuchaba de vez en cuando sus gemidos lastimeros (…). No puedo expresar lo que pasó por mi alma. Lo único que sé es que el Señor la iluminó con los rayos de la verdad, los cuales sobrepasaban de tal modo el brillo tenebroso de las fiestas de la tierra, que no podía creer en mi felicidad” (GE 145).

El Santo Padre también reconoce que hay una batalla constante librada por el diablo para alejarnos de la vida centrada en Dios. Al principio del capítulo cinco, refiriéndose al combate espiritual, el Papa Francisco marca un punto en el que dice que cuando hablamos de la batalla con el mal, la Iglesia no solo está hablando de enfrentar una mentalidad mundana o esforzarse por superar las debilidades humanas (cf GE 158 – 159). Satanás es real; él es “un ser personal que nos acosa” (GE 160).  Esto se demuestra, dice el Papa, con el poder destructivo del maligno en el mundo que nos rodea.

Al mismo tiempo, no tenemos por qué sentirnos intimidados por esta batalla, sepamos que Jesús en la cruz venció el pecado, a la muerte y a Satanás. “Nadie resiste si opta por quedarse en un punto muerto, si se conforma con poco, si deja de soñar con ofrecerle al Señor una entrega más bella”, (GE, 163). La clave está en participar de esta lucha dependiendo de Jesús, cultivando todo aquello que es bueno, verdadero y hermoso, profundizando en nuestra vida de oración y creciendo en el amor.

Y mientras que comenzamos este tiempo de verano, oro para que tú puedas fortalecerte con la armadura de la oración constante, para que, tanto tú como las personas sobre las cuales tienes influencia se acerquen más a Jesucristo. Te invito a que crezcas en tu devoción y atención a la Eucaristía, a que reces el Rosario en familia. Que las palabras del Papa Francisco en la Evangelii Gaudium te inspiren a aceptar este desafío: “El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal” (EG 85).