El 11 de Septiembre y la lucha en nuestros corazones

En aniversario del atentado terrorista, Mons. Aquila reflexiona sobre la importancia de responder al odio con amor.

Arzobispo Aquila

“Por sus frutos los conoceréis”, dijo Jesús a la multitud que lo escuchaba hablar desde la cima de la montaña. Hoy, al recordar a todos aquellos que murieron el 11 de Septiembre de 2011, quisiera examinar los frutos que nuestros corazones han dado a partir de la elección entre el odio y el amor, así podremos ver con claridad lo que está en juego.

Dios nunca quiso que la muerte fuera parte de la creación, pero ésta entró en el mundo por la desobediencia de Adán y Eva. Poco tiempo después, Caín mató a su hermano Abel cuando Dios prefirió su sacrificio al de Caín, que era menos generoso. Este fue el primer episodio de violencia en la historia de la humanidad.

Entre el 2000 y el 2008, eruditos se reunieron en Viena, Austria, con motivo de la Mesa Redonda Internacional Cristiano – Musulmana. Durante estos diálogos, el profesorHeinrich Ott describió el fenómeno de la violencia religiosa a manera de una ecuación. Esta es una versión parafraseada de lo que dijo: “Cuando amas a tu prójimo, amas a Dios. Cuando odias a tu prójimo, terminas odiando a Dios”. Cuando uno medita en estos dos grandes mandamientos, puede ver la verdad de esta conclusión.

Los frutos de la violencia cometida en nombre de la religión llenan las noticias. Escuchamos casi a diario acerca de familias que han sido separadas y personas que han perdido la vida. Uno solo tiene que ver los ataques del 11 de Septiembre, y las atrocidades que se están cometiendo actualmente por el Estado Islámico, o por Boko Haram u otros, para ver que este mal permanece aún con nosotros.

El fruto del odio de personas hacia sus semejantes termina siendo odio a Dios. Su religión se vuelve retorcida y distorsionada por el odio hacia su prójimo. Estos dos amores están entrelazados; uno no puede amar a Dios y odiar al hombre, que ha sido creado a su imagen y semejanza. Ninguna religión verdadera permite esta combinación.

Los frutos del amor hacia nuestros semejantes resaltan en brutal contraste frente a los podridos frutos del odio.

Este lunes y martes pasados, la Iglesia celebró las fiestas de la Natividad de la Virgen María y San Pedro Claver S.J., respectivamente. Estos dos santos, de los cuales María es ciertamente la más grande, amaron a sus semejantes y por lo tanto amaron a Dios.

Cuando nuestra Santa Madre experimentó la persecución de Herodes, cuando escuchó que su hijo estaba siendo ridiculizado por los Escribas y Fariseos, o cuando fue testigo de la cruel ejecución de Jesús, ella pudo odiar a sus semejantes. Pero María escogió amarlos, y al hacerlo estaba amando a Dios.

Los frutos de su santa vida y muerte son incomparables. La historia está llena de innumerables casos de almas que se han reencontrado con Dios, milagros que han sido obtenidos y desastres que han sido evitados gracias a la intercesión de María.

San Pedro Claver también fue confrontado con la crueldad del hombre hacia su prójimo, en la forma de la trata de esclavos. Él vivió a inicios de 1600 y dedicó su vida al servicio de cientos de miles de esclavos traídos desde el África hacia la ciudad pobre de Cartagena, Colombia.

Cada vez que un barco llegaba, el santo Jesuita mendigaba por comida para los prisioneros y luego entraba a las bodegas a llevar lo que tenía a aquellos en necesidad. También llevaba sus habilidades de médico y maestro con él, las que usaba para confortar cuerpos y almas. Luego de alimentar a los esclavos, San Pedro ofrecía una breve catequesis y bautizaba a cuantos podía. En su canonización en 1888, se estimó que por lo menos bautizó a 300 mil esclavos.

San Pedro Claver amó a su prójimo, y al hacerlo amó a Dios. Al ser enfrentado con condiciones inhumanas y con un cruel tratamiento a los esclavos, respondió con amor.

Caer en el odio es fácil, pero lo que el odio ocasiona a nuestros corazones es desastroso. El odio alimenta la distorsión de la religión y la tuerce hacia la violencia, como vimos un 11 de Septiembre. Pidamos a Dios que derrame su amor sobre nosotros y nos de la gracia para resistir al odio con amor hacia nuestros semejantes. Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a seguir el mandamiento que nos dejó Jesús: “Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores”, (Mateo 5, 44). Finalmente, pidamos por la gracia de amar como Dios ama, que el Padre en su amor acreciente la virtud de la caridad en nuestros corazones.

Al recordar a los que murieron el 11 de setiembre, recordemos también que la muerte y resurrección de Jesús hacen posible el triunfo sobre la muerte, hacen posible el triunfo sobre el odio. Confiemos en Él para que logremos el milagro de tener corazones como el suyo.

Próximamente: Echoes, el nuevo álbum de Matt Maher que transmite el mensaje de la Cruz

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Pocos artistas de música religiosa interpretan con tanta pasión, convicción y sinceridad como Matt Maher. Las canciones escritas por este artista, nominado ocho veces al Grammy, se cantan en iglesias católicas y no católicas alrededor del mundo. Su último trabajo Echoes (Ecos) contiene una colección de canciones que resuenan en la situación de la cultura que vivimos hoy. Matt tuvo la amabilidad de conversar con Denver Catholic sobre significado detrás de Echoes.

DCE: ¿De dónde nace el título Echoes? ¿Esa palabra tiene algún significado especial para usted?

Matt Maher: “Es una palabra que he usado para describir de alguna manera, cómo veo la catequesis. He estado analizando el mundo a mi alrededor y todos los problemas que se desarrollan hoy, y preguntándome, ¿Cómo respondo? ¿cómo articulo mi fe en esta clase de mundo?, y ¿cómo lo hago cuando se enfrenta tanta persecución y desacuerdo? Me di cuenta de que he escrito cerca de 20 canciones, y tres cuartas partes de estas son sobre temas que afirman la fidelidad y bondad de Dios en medio de las dificultades.

Comencé el proceso de grabar el álbum en enero, y en marzo mi padre se enfermó y fue al hospital el Miércoles de Ceniza. Murió en la festividad de San José. La grabación dio un giro, ya no me preguntaba: “¿Cómo te enfrentas al mundo”, sino “¿Como te enfrentas al sufrimiento?”.

Descubrí que quería sacar una colección de canciones que realmente hablaran de esto y que pudieran dar voz a los temores, heridas, anhelos y deseos de las personas, pero también dar voz para declarar la bondad y la fidelidad de Dios, incluso cuando todo en la vida parece indicar lo opuesto”.

 

DCE: ¿Cuál es la historia detrás de la carátula del disco?

Matt Maher: “Siempre me he sentido atraído por las palabras y por su significado. He estado pensando mucho en el 500 aniversario de la Reforma Protestante este año, y la palabra “protesta” viene del latín protestari, que significa “testificar”. Estaba buscando una imagen que de alguna manera describa la condición del mundo en el que nos encontramos. La imagen para mí es perfecta porque representa muchas cosas: la humanidad atrapada en su frágil condición, la posibilidad de cada persona, ahora con la tecnología, y la capacidad de pararse en una plataforma improvisada cada minuto y llamar la atención sobre alguna cosa. En el proceso de realizar las grabaciones, me di cuenta de que la mitad de las canciones eran sobre la Cruz como nuestra fuente de salvación, pero también como un signo de solidaridad con el mundo; esta idea de Dios levantando a su propio Hijo como una protesta en contra de la muerte misma. Finalmente la carátula se convirtió en todas esas cosas. Ha sido interesante porque la gente me pregunta sobre la carátula y sobre lo que significa, y yo prefiero preguntarles, “¿qué crees que significa?”.

DCE: ¿Qué elementos han influenciado su cambio y estilo a lo largo de los años?

Matt Maher:  “Uno crece como persona y como artista. Es chistoso porque la gente siempre me dice que mi música tiene un sonido, y siempre me siento como si aún estuviera buscando eso. Mi padrastro me dijo una vez: “Escribes muchas canciones sobre la fe, pero me gustaría escuchar alguna canción que provenga de tu fe”. Son dos cosas diferentes, y me he dado cuenta de que, para mí como compositor, eso es algo en lo que intento crecer”.

DCE: Sabemos que tuviste un encuentro con el Papa Francisco durante el verano ¿Como fue esta experiencia?

Matt Maher: “Estaba con un grupo de personas que son parte de un ministerio llamado Juan 17, un movimiento que comenzó entre líderes católicos y protestantes. El objetivo central [del movimiento] es que los líderes católicos y protestantes deberán encontrar tiempo para reunirse, partir el pan, para vivir el compañerismo y empezar a rezar juntos con la esperanza de comprenderse mutuamente y ver dónde está el otro; desarrollar una relación en la que no nos reconozcamos solo por el nombre, sino que veamos a cada uno como nuestro hermano.

Fue un encuentro increíble. Rezamos juntos, cantamos juntos, y simplemente me quedé observando.

Este encuentro se realizó durante el tiempo libre del Papa, no estuvo en su calendario oficial. Estuvimos casi dos horas [con él], y mucha gente que estuvo ahí dijo que nunca antes había visto algo así en sus visitas a Roma.

La mayoría de las preguntas que se hicieron fueron acerca de liderazgo: ‘Santo padre, ¿cómo lideraría su congregación en medio de la tensión política que existe en los Estados Unidos?’. Nos dio una respuesta muy profunda. Habló sobre cómo debemos permitirnos estar en el lugar de la tensión, porque es ahí donde el Espíritu Santo mueve tu corazón. Dijo que en los tiempos de Jesús también había tensión. En cuanto a la catequesis, él dijo dos cosas sencillas: La primera, inculcar el deseo de compartir y cómo eso es una virtud para toda la vida. Y la segunda, dijo: “enseñen a los niños a cantar alabanzas a Dios”, porque así tendrán una relación con Él para el resto de sus vidas, pues esta es la mejor oración porque se hace sin interés. Siempre sentí que para mí como compositor de música religiosa que la razón por la cual compongo es para llevar a la gente a un lugar donde se queden sin palabras, y se sientan atraídos a un lugar de contemplación. Cuando dijo esas palabras, “es oración sin interés propio”, el Espíritu Santo trajo a mi mente la imagen de cuando yo era joven y soltero, cantando canciones religiosas y tratando de componer para Dios, pero haciéndolo porque amaba hacerlo. Sentí que esto fue una afirmación del Espíritu Santo.

Echoes está disponible en stream y a la venta.

Traducido del original en inglés por Mavi Barraza y adaptado por Carmen Elena Villa.