“Dios no es una varita mágica”

El sacerdote francés Jaques Phillipe, integrante de la comunidad de las Bienaventuranzas estuvo recientemente en Colorado y ofreció en la parroquia Our Lady of Fátima en Lakewood una conferencia denominada “Superando los obstáculos para la oración”. El Pueblo Católico lo entrevistó acerca de cómo iniciar y perseverar en el diálogo con Dios. Phillipe es autor de varios libros, entre ellos La libertad interior, Tiempo para Dios, En la escuela del Espíritu Santo.

¿Por qué es importante la oración?

“Porque a través de la oración se puede desarrollar un encuentro personal con el Señor. La vida cristiana no es solo hacer ciertas cosas o seguir algunas reglas. El corazón de la vida cristiana es tener una relación personal con Dios, como la del Hijo con el Padre. Esto es lo bello de la oración, que permite profundizar esta dimensión personal del contacto con Dios”.

¿Qué le diría a alguien que quiere comenzar a tener una vida de oración?

“Que se lance, que se dé un momento con el Señor para ponerse en su presencia, ofrecerle su vida, para pedirle al Señor que le guíe. Y en la medida de lo posible, tomarse cada día 5 o 10 minutos para estar con el Señor. Puede ser hablándole, puede ser leyendo un pasaje bíblico, leyendo las lecturas del día y tratando de entender qué me está queriendo decir el Señor. Estar tranquilo, calmado y ponerse en la presencia del Señor, con la ayuda de la Virgen María. Lo más importante es perseverar, no desanimarnos, confiar en Dios, saber que el Señor está presente, Él se comunica con nosotros en cierto modo y nos visita al fondo del corazón y así poco a poco podemos tener más paz, serenidad en la toma de decisiones”.

Usted mencionó que necesitamos a María ¿Cómo ella puede ayudarnos en la oración?

“Pienso que María se manifiesta donde quiera que va. La primera cosa que hace es educar a las personas en la oración, en tener una relación con Jesús, el Padre y el Espíritu Santo. Confiar en María y pedirle su ayuda es algo bello que nos ayuda en la perseverancia y fidelidad que es indispensable en nuestra vida de oración”.

Las personas a veces pueden sentirse desalentadas al rezar y pensar “Dios no me escucha, Dios no me responde” ¿Qué les diría?

“En la oración hay este acto de fe en que el Señor me llama y es bueno, aunque la vida no es la que hemos soñado. Pienso que la disposición de fondo en la oración es un acto de fe que nos dice que el Señor no nos va a abandonar y que guía nuestra vida. Si tenemos verdaderamente en el fondo de nuestro corazón esta disposición de fe y de sencillez, de saber que Él es bueno – lo cual no significa que Dios es una varita mágica que resuelve todos los problemas – día a día veremos que Dios es cercano a nosotros, nos ayuda, nos sostiene, nos da la paz cuando la necesitamos y la fe cuando tomamos grandes decisiones. Así tenemos esperanza, y aunque la oración no haya sido como yo pensaba, no me debo desanimar y debo confiar en que el Señor me ayuda a perseverar y que es bueno y fiel para quien espera en Él y le reza con fidelidad”.

¿Qué ocurre cuando nos distraemos al rezar? ¿Esto es malo?

“Es algo normal porque somos seres humanos y tenemos nuestros propios pensamientos. Cuando estoy distraído debo simplemente regresar a la presencia de Dios. Estar atento, de nuevo, hablarle a Él, considerarlo, acogerlo. No es un problema que nos deba desalentar porque es algo que todos encontramos. Lo importante es perseverar”.

¿Cómo podemos aprender a estar en silencio y escuchar la voz de Dios?

“En principio debemos comenzar con practicar 10 minutos todos los días en los que solo nos ponemos en presencia del Señor, sea en la Iglesia o en un rincón de la casa, con la certeza de que el silencio no es algo terrible ni algo vacío y que en este silencio se manifiesta y se revela una presencia. Así seremos capaces de estar más atentos a la voz del Señor y a su palabra cuando manifiesta su presencia y habla a nuestro corazón. El silencio no es vacío. Es escucha. Si perseveramos en este silencio, llegará el momento en que Él nos hable al corazón y nos haga sensibles”.

¿Cómo distinguir la voz de Dios? ¿Cómo saber que es Él quien te está hablando y no eres tú mismo?

“Pienso que la voz de Dios trae paz. Esto es un signo de que es Él quien habla y no es mi imaginación. La cosa que he sentido me pone en movimiento y me hace amar más, me alienta y me invita a una profunda paz. Ese es un signo de que es palabra de Dios”.

 

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.