Denver rindió un homenaje a la Lupita en su día

Carmen Elena Villa

Con danzas, mariachis, obras de teatro y varias procesiones los fieles de la Arquidiócesis de Denver le rindieron homenaje a Nuestra Señora de Guadalupe en su día.

Diferentes parroquias con una presencia significativa de hispanos se hicieron presentes desde el domingo 11 de diciembre para celebrar y cantarle a la Morenita, para cantarle las Mañanitas y entonar el tradicional Himno a la Guadalupana.

Algunos lo hicieron por tradición. Otros por su fe profunda en la Virgen y en su poder de intercesión. Miles de personas desafiaron las bajas temperaturas propias del invierno y salieron a las calles a pedirle, agradecerle o simplemente manifestarle su cariño a la patrona de las Américas y de Filipinas y para conmemorar un aniversario más de las apariciones de la Virgen ante el indio San Juan Diego en el cerro del Tepeyac.

La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, la cual fue consagradael pasado domingo como santuario diocesano, fue la que más se vistió de gala en honor a su santa patrona.  Allí se destacó especialmente una gran afluencia del público joven y adolescente. Personas de diferentes clases sociales y culturas se congregaron para rendirle honor a la Virgen. Algunos llegaron en autobús y, pese al frío, esperaron en el paradero y caminaron hasta llegar a la nueva parroquia – santuario.  La procesión contó también con charros y escaramuzas. Unos más caminaron sin zapatos, algunos para pagar alguna promesa que le debían a la Virgen o para hacer algún ofrecimiento especial.

El Pueblo Católico habló con algunos fieles, entre ellos Mailin, de 16 años, quien hacía parte del grupo de danzas a la Virgen. Ella es de Denver y sus padres de Ciudad Juárez “me gusta bailar, lo hago por tradición”, dijo la joven quien expresó su devoción a la Virgen: “Si le pides algo, ella lo cumple”.

Otro de los participantes comentó que la principal motivación de asistir a estas fiestas es “porque soy católico y me gusta mucho esta celebración. Porque la comunidad mexicana aquí se reúne. Esta es una fiesta en grande”.

Así, Denver estuvo en sintonía con los diferentes lugares del mundo donde se celebra esta fiesta. Y, como dijo el Papa el pasado lunes en su homilía durante la Misa en la Basílica de San Pedro en honor a la Morenita, “Mirar la Guadalupana es recordar que la visita del Señor pasa siempre por medio de aquellos que logran ‘hacer carne’ su Palabra, que buscan encarnar la vida de Dios en sus entrañas, volviéndose signos vivos de su misericordia”.

Próximamente: Memorias de la hermana Lucía

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Este libro es ideal para que los fieles preparen su corazón para la consagración de la Arquidiócesis de Denver al Inmaculado Corazón de María el próximo 13 de octubre. Está escrito por la mayor de los tres pastorcitos de Fátima: Lucía dos Santos, quien además fue la que vivió por muchos años más después de las apariciones. Mientras que Jacinta y Francisco Marto murieron a muy temprana edad (en 1920 y 1919 respectivamente), Lucía falleció en el año 2005 a los 98 años en el monasterio de Coimbra de las Carmelitas descalzas en Portugal.

La hermana Lucía, al escribir sus memorias, fue obediente a la petición de la Virgen de Fátima cuando le dijo que ella se quedaría viviendo más años en la tierra para “hacerme conocer y amar”. Lucía nos cuenta cómo vivieron los pastorcitos las cinco apariciones marianas y las apariciones previas del ángel de la luz. Nos deja ver detalles de la vida cotidiana como el gusto de Jacinta por el baile. También nos revela el drama que vivieron los pastorcitos cuando ni sus padres, ni el párroco de Fátima creyeron lo que ellos les contaron acerca de sus encuentros con la Virgen. “¿Cómo he de decir que no vi si yo sí vi?” era la sencilla pregunta que se hacía Lucía cuando tanto ella como sus dos primos fueron tildados como mentirosos e incluso llevados presos a Oruém aquel 13 de agosto de 1917. Pese a las amenazas, los niños se mantuvieron firmes a la verdad: sus encuentros reales con la Virgen María en Cova de Iría. Los escritos de la hermana Lucía nos muestran cómo estos pequeños fueron entendiendo las verdades teológicas y las realidades sobrenaturales y cómo comenzaron a realizar ofrecimientos por los pecadores, al ver lo mucho que iban a padecer en el infierno.

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