Dejan su tierra y viven bajo las sombras

Semana Nacional de Inmigración por una mayor consciencia sobre el tema, del 5 al 11 de enero.

Mayé Agama

Efraín y Angélica vivían en situación precaria en un ranchito en Chihuahua, al norte de México; acababan de tener a su primera bebé y ninguno de los dos tenía trabajo. Fue entonces cuando Efraín, al igual que muchos hombres y mujeres, tomó la decisión de viajar a Estados Unidos. No estaba buscando cumplir el “sueño americano”; lo único que quería era juntar un poco de dinero para regresar a casa junto a su familia y comenzar algún negocio para salir adelante. Era un buen plan.

Sin embargo todo cambió drásticamente. A los 6 meses del viaje de Efraín, Angélica recibió una dolorosa noticia: a su esposo le detectaron un tumor cancerígeno en el cerebro.

“Me llamaron de un hospital diciendo que mi esposo estaba tan grave que querían que yo viajara a atenderlo, pues él no tenía a nadie acá”, dijo Angélica a El Pueblo Católico. Desde entonces, la familia Acosta Hernández, al igual que muchas familias que inmigran a este país, viéndose sin salida, con una enfermedad que amenazaba sus vidas, pasaron a vivir entre las sombras.

“No podía dejar a mi esposo sólo, tampoco me lo podía llevar a México”, compartió Angélica. “Nosotros no teníamos dinero y él tenía que seguir un tratamiento muy largo y caro, y eso nos obligó a establecernos acá”, añadió la joven esposa.

Forzados a partir

Frente al drama de 40 millones de inmigrantes que viven hoy en los Estados Unidos, incluyendo los 494,760 que residen en Colorado, es necesario recordar los motivos principales que los atraen al país, dijo Cheryl Martínez-Gloria, Esq., Directora de Servicios de Inmigración de Caridades Católicas, de la Arquidiócesis de Denver.

“Los motivos que los llevan a dejar su patria son diversos: la pobreza, persecución, guerras civiles, o simplemente el deseo de una mejor vida con mayores libertades”, señaló la abogada. Mientras que uno el motivo principal que los atrae a Estados Unidos “es la alta demanda en el país por mano de obra barata”, agregó.

De acuerdo al último censo realizado en Estados Unidos, los inmigrantes en el país comprenden  un 13% de la población. Este grupo congrega una amplia diversidad de razas, creencias religiosas y niveles de educación, pero todos comparten una cosa en común: el haber dejado atrás sus hogares. Esto trae un sufrimiento muy grande para la mayoría, incluso para aquellos cuya “casa” probablemente era muy pequeña.

“Es muy raro que alguien desee irse y dejar atrás sus familias, amigos y comunidades por un nuevo país”, afirmó Todd Scribner, Ph.D., Coordinador de la oficina de alcance educativo de los Servicios de Inmigración y Refugiados de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos (USCCB por sus siglas en inglés). “La mayoría no quiere esto, pero se sienten forzados a hacerlo”, agregó.

Llamados a salir de la oscuridad

Conscientes de este grave problema que afecta a millones de seres humanos, los Obispos de Estados Unidos realizan desde hace más de un cuarto de siglo, la Semana Nacional de la Migración. Este año se viene llevando a cabo del 5 al 11 de enero, en todas las diócesis del país, incluyendo la Arquidiócesis de Denver.

El lema es “Salir de la oscuridad”, buscando crear una mayor consciencia sobre la población que vive entre sombras: Inmigrantes indocumentados, niños migrantes separados de sus familias, refugiados y víctimas de tráfico humano laboral y sexual.

“Cuando las personas viven entre las sombras, están marginadas, no tienen cómo participar plenamente de la vida de su comunidad; esto desestabiliza las comunidades y nosotros queremos asegurarnos de que nuestras comunidades sean lo suficientemente fuertes”, indicó Scribner.

Por ello, la Semana Nacional de la Inmigración apunta a “llevar la luz de Cristo a estas poblaciones, desterrar la oscuridad, y ayudar a llevarlos desde los márgenes de la sociedad para su centro”, señala la página web de la USCCB. De esa manera, ofrecen a los inmigrantes vulnerables un espacio protegido en el que puedan recibir ayuda y crecer como seres humanos.

Confiados en la Iglesia

Ésa es en parte la misión de Caridades Católicas en Denver, que brinda ayuda a personas necesitadas en sus procesos de visas familiares. “Esto no sería posible sin el apoyo económico de la Fundación SC Ministry, de las Hermanas de la Caridad en Cincinnati”, puntualizó Martínez-Gloria.

“No es necesariamente un proceso fácil”, afirmó la abogada. Efraín y Angélica dan fe de esto. “La policía paró a mi esposo porque una luz del carro se había quemado. Pero cuando se dieron cuenta que no tenía papeles, lo detuvieron, lo llevaron a una cárcel y estuvo ahí detenido por 3 semanas”, comparte Angélica. Estando allá, le ofrecieron diferentes alternativas de servicios legales de inmigración.

“Cuando vimos entre las opciones, la ayuda de Caridades Católicas, de inmediato supimos que allí teníamos que ir. Sentí un gran alivio y alegría pues nosotros somos católicos. Esto fue para mí una señal”, dice Efraín. A lo que su esposa agregó: “Saber que la Iglesia tenía un servicio en esta área me dio mucha confianza. Después de la cita, salimos muy contentos y supimos que ahí nos quedábamos, que si nuestro caso estaba en Caridades Católicas, estaba en buenas manos”.

“Y hoy, gracias a la ayuda de Dios y la asistencia de Caridades Católicas, mi esposo tiene sus documentos en orden”, concluyó Angélica.

Luego de 15 años bajo las sombras, Efraín logró viajar a su tierra amada, México, y visitar a sus familiares y amigos.

Por la dignidad del ser humano

La Iglesia, para quien nada de lo humano le es ajeno, trabaja constantemente por ayudar a los inmigrantes y sus familias de diversas maneras. Esto no sería posible, según Scribner, sin la ayuda y coordinación de muchas agencias, incluyendo la Catholic Legal Immigration Network Inc. y Caridades Católicas. Asimismo está Centro San Juan Diego, que ayuda a los inmigrantes del Norte de Colorado.

“Todo lo que hacemos tiene como fundamento nuestra noción sobre la dignidad que todo ser humano tiene, enraizada en la idea de que todos hemos sido creados a imagen de Dios”, señaló Scribner.

Para mayor información sobre la Semana Nacional de la Migración, visite: http://usccb.org/about/migration-and-refugee-services/national-migration-week/index.cfm

Próximamente: El sexo en la adolescencia. La familia sí hace la diferencia

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Por: Giuliana Caccia Arana

Pese a todo lo que podemos pensar sobre la conducta sexual de los jóvenes hoy, les tengo una noticia: Un reciente estudio realizado por los Centros de Control de Enfermedades, la CDC, de los Estados Unidos, que realizó entre los años 2011 y 2015, arroja unos resultados bien interesantes. Pero yo me voy a centrar principalmente en uno.

“El porcentaje de adolescentes norteamericanos que confiesa haber tenido relaciones sexuales ha continuado cayendo desde los años 80”.

Y voy a leer: “Según este estudio, si en 1988 el porcentaje de varones de 15 a 19 años, que se había iniciado en el sexo, ascendía al 60%, en el 2015 había descendido al 44 %. En cuanto a las muchachas que en el primer año mencionado, es decir en 1988, exhibían un 51%, en el segundo, es decir en el 2015, ya cifraban 7 puntos porcentuales menos”.

Pero lo más interesante que describe este estudio es una de las razones por las cuales ha decrecido este porcentaje. Inclusive los mismos investigadores se sorprendieron al descubrir que los valores morales tenían mucho que ver con el cambio de conducta.

Y dice así: “Al abordar los motivos de la decisión de no tener relaciones sexuales, el hallazgo es que los valores morales con todo y el omnipresente bombardeo de mensajes sobre sexo, continúan perfilando los puntos de vista de los más jóvenes respecto a la sexualidad”.

Así, la principal razón que daban las chicas por no haber tenido relaciones sexuales, fue que iba en contra de sus convicciones morales o religiosas. Y para los chicos la principal razón fue que no habían encontrado aún a la persona indicada.

Entre los resultados también se encontró un temor importante a contraer enfermedades de transmisión sexual, que bordea el 70%.

Pero hay un punto que a mí me llamó mucho la atención y fue que mucho de los chicos encuestados dijeron que para ellos era muy importante el rol que cumplía su familia. Sí, su familia.

Las chicas, sobre todo, manifestaron que aquellas que vivían con sus padres biológicos, manifestaron con mayor rotundidad que las otras que vivían solo con uno de los padres o con ninguno, que quedar embarazada les causaría mucha angustia.

Esto dice algo: ¿Cuál es el rol de los padres para poder educar a nuestros hijos de la mejor manera cuando hablamos de sexualidad? Nuestros hijos nos necesitan y nuestros hijos confían en nosotros y en esos valores que les vamos a transmitir.

Los padres de familia tienen que estar ahí para ayudar a los jóvenes en desarrollar su conducta ética y que sepan diferenciar lo que es el verdadero amor de una simple atracción, que sepan discriminar entre lo que es una relación buena y una tóxica, que sepan diferenciar entre lo que es una actitud ética y la que no lo es.

Nuestros hijos se ven sometidos a una presión social y cultural muy fuerte y debemos enseñarles a ir contracorriente.