Decodificando las redes sociales y el suicidio en los jóvenes

Arzobispo Aquila

Hace algunas semanas me enteré con gran tristeza que unos estudiantes de secundaria y preparatoria se suicidaron con dos días de diferencia uno del otro, y casi una semana después una chica de 15 años de Thornton hizo lo mismo. Este tipo de muertes desgarradoras nos motiva a buscar respuestas, y en última instancia, nos lleva a recurrir a Cristo, quien conoce nuestros corazones.

El suicidio de jóvenes en Colorado trágicamente va en aumento. En el 2014, 50 estudiantes se quitaron la vida, pero en el 2015 el número de muertes aumentó a 72 y la cifra continuó elevada con 68 muertes en el 2016. La pregunta que continúa dando vuelta en las mentes de los angustiados amigos, maestros y familiares es: ¿por qué?

Hay varias teorías sobre la razón de este aumento inquietante en el suicidio de los adolescentes, y dejare la interpretación de esos factores a los psiquiatras y psicólogos. Pero como pastor espiritual de la Arquidiócesis de Denver, sería negligente si no abordara este problema creciente de alguna manera.

 

Un tema que veo al analizar las historias de adolescentes que luchan con pensamientos suicidas es la influencia generalizada [que tienen] de los medios sociales en su identidad y su autoestima. La adolescencia ha sido siempre un tiempo de incertidumbre, mientras que se produce un desarrollo fisiológico y emocional.

Pero en el 2017 muchos jóvenes viven en un mundo fuertemente influenciado por el mundo digital. Las estadísticas más recientes indican que entre el 76 y 78 por ciento de los jóvenes usan las dos aplicaciones de redes sociales más populares, Snapchat e Instagram, por lo menos una vez al día.

La presión que se ejerce sobre los jóvenes a través de las redes sociales no está ayudando a detener la epidemia del suicidio, de hecho, parece estarla alimentado.

La intimidación [bulling] siempre ha existido, y siempre ataca a la dignidad básica de otro ser humano a través de la degradación de la persona. Pero cuando en el 2012 se cruzó un límite donde más del 50 por ciento de americanos poseen un teléfono inteligente, los agresores [bullies], obtuvieron acceso a sus compañeros de una manera nunca antes vista. No solo la naturaleza humana obtuvo un megáfono virtual que puede usar 24 horas al día siete días a la semana, sino además el anonimato ofrecido por algunas aplicaciones eliminó la responsabilidad que brindan algunas plataformas que requieren que los usuarios se identifiquen ellos mismos.

 

La introducción de estas aplicaciones también ha dado lugar a un nuevo fenómeno en el que alrededor del 6 por ciento de los adolescentes recurren a la “autolesión digital” publicando mensajes detestables anónimos sobre sí mismos para que sus amigos los vean. Esto les permite llamar la atención de sus amigos mientras también transmiten sus sentimientos internos.

Las tragedias tienen una manera de cristalizar la verdad y dar perspectiva. A raíz de las dos muertes en Littleton, un grupo de estudiantes se ha organizado para promover una iniciativa llamada Offline October, que les pide a los estudiantes eliminar sus aplicaciones de redes sociales por el mes. “Creemos”, dijeron los estudiantes, “que las redes sociales juegan un papel negativo en la vida de los adolescentes y que son un factor importante en la depresión y el suicidio. Al eliminar las redes sociales durante un mes, la moral y la confianza aumentarán”. Hasta el momento han logrado que 1,600 estudiantes de 26 estados se comprometan participando.

En su mensaje del 2014 para la XLVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones, el Papa Francisco llamó la atención a la falta de caridad que cae en la raíz del uso indebido de las redes sociales. Escribió: “No basta pasar por las «calles» digitales, es decir simplemente estar conectados: es necesario que la conexión vaya acompañada de un verdadero encuentro. No podemos vivir solos, encerrados en nosotros mismos. Necesitamos amar y ser amados. Necesitamos ternura”.

El peligro que destaca el Santo Padre es que nos convencemos de que nuestra identidad se encuentra en cómo nuestros amigos e incluso personas extrañas hablan de nosotros en línea. Cuando las relaciones de una persona dependen tanto de la interacción en línea y la posición social en un entorno anónimo, entonces uno se convierte en un objetivo fácil para la manipulación y la mentira.

Como católicos, necesitamos ser personas que aportemos nuestras experiencias de encuentro con el amor de Jesús en oración, los sacramentos, y una auténtica comunidad con aquellos que están sumergidos en un mundo digital.

Lo más importante que podemos hacer por aquellos que están consumidos con su existencia en línea es mostrarles persistentemente y con amor que son hijos de Dios Padre, y que eso es lo que más importa. Que las actualizaciones, “me gusta”, y las publicaciones en Snapchat e Instagram siempre desaparecerán, pero la identidad eterna de cada persona y el amor y la ternura que el Padre les muestra a través de ti no desaparecerá.

Insto a todas las personas de la arquidiócesis a que se unan a mí para rezar por todos aquellos que están desesperados y buscan su verdadera identidad. Que las palabras de Jesús a los discípulos de conocer y experimentar la verdad se conviertan en su realidad. “¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen” (Mt. 13,16).

Próximamente: Nuevas tragedias, nuevos héroes

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Las malas noticias, como la del tiroteo en la escuela Marjory Stoneman Douglas de Parkland en Florida el pasado 14 de febrero, siempre traen historias de humanidad, heroísmo, acciones rápidas y solidarias que sorprenden y que reflejan la bondad en algunas personas quienes en cuestión de segundos se olvidan de sí y que son capaces de dar la vida para que otros no mueran.

A veces se vuelve incluso un lugar común que, tras un tiroteo haya una o dos historias de personas que se inmolaron y que se metieron en el fuego cruzado para salvar vidas y terminaron muriendo ellos.

Y creo que, más que recursos periodísticos para seguir dándole vuelta a la misma noticia trágica y sacar, al menos algún ángulo positivo después de un acto de tanta maldad, aquí se trata de ver cómo ante el pánico que genera un repentino tiroteo, hay quien, sin pensarlo reacciona casi instintivamente para salvar vidas a costa de la propia.

Es el caso de Aaron Freis, un entrenador de futbol de 37 años y ex alumno de esta escuela secundaria. Un estudiante declaró a Fox news que Freis “Se puso en medio de un par de personas y los protegió. Las balas le cayeron a él y con seguridad salvo sus vidas”.

La portavoz del equipo de futbol Denise Lehtio dijo que “murió de la misma manera como vivió – se puso a él en un segundo lugar”, luego lo describió como “un alma noble, un buen hombre”. Hoy Freis hace parte de la lista de víctimas pero quizás esta lista hubiese sido más numerosa si él no hubiera tomado la decisión instantánea de protegerlos e inmolarse por ellos.

El profesor de geografía Scott Beigel, 35 años también murió para salvar a varios alumnos cuando, en medio del tiroteo, abrió la puerta del aula para permitir que los estudiantes que huían de las balas entrasen al salón y se protegieran. Así ocurrió. Solo que él no logró cerrar la puerta y el joven atacante Nikolas Cruz lo sorprendió y le disparó. Así Beigel terminó siendo una víctima más. “Estoy viva gracias a él”, dijo una estudiante al programa Good Morning America.

Los actos de maldad de un atacante desquiciado contrarrestan con las acciones nobles de quienes aman tanto la vida que deciden sacrificarse por ella. Son historias que conmueven, que nos hacen preguntarnos qué hubiésemos hecho en su lugar y que nos permiten ver que la verdadera humanidad se manifiesta en actos de heroísmo que están presentes no solo en las películas de ficción sino en tantas almas nobles que, después de muertos, salen del anonimato para darnos lecciones de grandeza.