De vuelta a clases: Una escuela modelo que forma líderes

El 95% de los alumnos de St. Rose Catholic Academy son hispanos

Al igual que muchas otras escuelas, St. Rose of Lima Catholic Academy abrió sus puertas el martes 26 de agosto para recibir a los alumnos del nuevo año escolar. Esta escuela, sin embargo, no sólo les ofrecerá educación con alto rendimiento académico, sino además formación para ser discípulos y agentes del Evangelio.

St. Rose of Lima abrió sus puertas por primera vez en 1955 operando como escuela parroquial, pero podría considerarse relativamente nueva, ya que éste será el cuarto año desde que se implementó el nuevo estilo de enseñanza, cuyo impacto positivo ha dejado huella tanto en los alumnos, como en la comunidad.

La idea es que los problemas y situaciones del mundo sean la plataforma de aprendizaje. En esta academia, los chicos experimentan llevando a cabo estudios de casos, proyectos y trabajo de campo, para buscar solución a problemas actuales que aquejan a su comunidad.

En entrevista con El Pueblo Católico, Elías Josue Moo, nuevo director del plantel, habló de esta nueva etapa: “Somos una de las escuelas católicas en todo el país que hemos implementado el programa académico expeditionary learning, el cual nos permite mejorar nuestras prácticas y nuestra pedagogía”. Además, añadió, “para nosotros lo primordial es que lo muchachos tomen su aprendizaje afuera, con la comunidad; eso los conecta a lo que ocurre actualmente y pone en marcha lo que aprenden para ayudar a la comunidad y al mundo, no sólo para superación propia”, afirmó.

Según el director, aunque al comienzo -como todo cambio- fue algo difícil, la respuesta de los estudiantes no se dejó esperar; el nivel de reflexión de los chicos incrementó, así como la seguridad que los estudiantes reflejaban al momento de exponer sus trabajos y la sensibilidad frente a los problemas actuales.

Éste fue el caso de los niños de kínder, quienes mientras estuvieron aprendiendo los diferentes estados del agua, analizaron cómo estos pueden causar estragos. Los chicos se involucraron con la temática de las inundaciones ocurridas en el norte de Colorado y al final del año escolar organizaron una caminata para recaudar fondos y ayudar las víctimas. “La cantidad recaudada fue modesta, pero el cheque se lo presentaron al director de Caridades Católicas y eso es lo que cuenta, la intención”, agregó con emoción el director.

Desde 1985 se notó un cambio demográfico en la academia, donde los estudiantes hispanos comenzaron a predominar, llegando a ser actualmente el 95% del alumnado.

El director del plantel afirmó que es muy importante que los estudiantes reconozcan que Dios les está dando la oportunidad de ser agentes del Evangelio en el mundo, y los instó a ser discípulos por medio de sus estudios, usando su conocimiento de una manera muy concreta y auténtica. Finalizó diciendo  que “la educación es fundamental, necesitamos líderes hispanos en el futuro, pero haciéndolo como católicos desde el punto de vista de la fe”.

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.