Cuando estás frente a la tilma te vienen ganas de llorar

Carmen Elena Villa

A todos aquellos que han tenido la oportunidad de visitar la Basílica de Guadalupe y pasar por el pasillo eléctrico debajo de la tilma de San Juan Diego, el obispo axiliar de Denver, monseñor Jorge Rodríguez les dijo:Les apuesto que han tenido la misma experiencia que me pasa a mí: cuando estás justo debajo de la imagen y la miras, te vienen ganas de llorar, te llena una emoción muy fuerte”.

Preguntémonos por qué nos pasa esto”, dijo el Prelado. “La emoción y las ganas de llorar son del tipo que uno siente por su propia mamá. Son sentimientos muy fuertes que uno no tiene por cualquier persona”.

El obispo Rodríguez presidió la Misa en honor a “La Lupita” en las vísperas de su fiesta, el pasado 11 de diciembre a las 11 p.m. en la parroquia – santuario Our Lady of Guadalupe, en el que centenares de fieles llegaron para rendirle un homenaje a la patrona de las Américas y esperar a que dieran las 12 a.m para recibir el día de esta advocación mariana con mariachis y el tradicional canto de Las Mañanitas.

Centenares de fieles estuvieron con horas de anticipación en el templo para esperar la celebración de la Eucaristía. Muchos, aún con las bajas temperaturas, tuvieron que participar de la Misa desde unas carpas a las afueras de la iglesia donde pudieron seguir la celebración desde una pantalla.

Al día siguiente, y como es costumbre, la parroquia – santuario ofreció misas a todas las horas – y todas ellas muy concurridas – desde las 5 a.m y hasta las 7 p.m. Así muchos fieles celebraron con devoción un aniversario más de la última de las cuatro apariciones, en la que la imagen de la Virgen quedó milagrosamente estampada en la tilma de San Juan Diego.

 

Una madre en el cielo

“Cuando mamá está cerca, el niño se siente seguro, protegido. La mamá siempre tiene al hijo bajo su mirada atenta”, indicó monseñor Rodríguez.

“La Morenita”, como la llaman tantos mexicanos, “sintió que sus hijos la necesitaban y se hizo presente en un modo muy cercano, tierno y bonito”.

Y mientras que el indígena era considerado una persona sin valor, María habló en su lenguaje. “Se presentó con piel morena, cuando la piel blanca era la de rango y alcurnia”, recordó el Obispo. “Los pueblos indígenas no pudieron más que darse cuenta de que en su insignificancia, en su pobreza y degradación eran amados por Dios, como su madre vino a decirles”, aseguró monseñor Rodríguez.

“Jesús amó a su madre infinitamente más que nosotros amamos a nuestra madre –¡y ay que si amamos a mamá!-“, indicó el Obispo.  “Esa relación es la que Jesús quiere que tengamos con su madre”.

Por su parte monseñor Bernard Schmitz, párroco de Saint Joseph en Denver, se refirió en su homilía, durante la Misa celebrada en esta parroquia el pasado lunes a las 11 p.m, a los pobres y sencillos que, como San Juan Diego acuden a la protección de la Virgen. “Ciertamente son los que viven una pobreza material”, indicó. “Otros son pobres que sufren una enfermedad crónica, o los que su familia está dividida. Otros viven un pobreza porque sufren de soledad, hay muchos ancianos que viven una pobreza por falta de acompañamiento”.

Y hablando de este tema el padre Benito Hernández, párroco de Our Lady of Guadalupe indicó en su homilía en la Misa celebrada el martes 12 de diciembre: “No podemos sentirnos solos, porque ella, nuestra Morenita del Tepeyac va con nosotros a todas partes; en nuestras luchas y en nuestros sufrimientos diarios”.

 

La parroquia St. Michael the Archangel en Aurora celebró la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe con una Misa y una recepción. Foto de Janeth Chavez.

Una devoción de exportación

Otras parroquias del norte de Colorado se unieron también a la celebración de la Lupita. Saint Michael de Archangel en Aurora tuvo su celebración el domingo 10 de diciembre, la cual comenzó con un Rosario, la Misa dominical seguida de una serenata a la Virgen con Mariachis y una recepción en la que un grupo de niños interpretó la obra de las apariciones.

“Tuve una oportunidad de participar en algo religioso como la Virgen de Guadalupe” dijo a Denver Catholic en Español Aldo Raidi de 10 años, quien representó en la obra al obispo Juan de Zumárraga, el mismo que le pidió a Juan Diego una prueba que certificara estas apariciones. “Si yo fuera el obispo le hubiera creído a San Juan Diego a la primera vez que me dijo que había visto a la Virgen”, aseguró el pequeño.

Kelsey, por su parte, actuó de la Virgen María. Ella asegura que con esta representación “le podemos enseñar a los niños quién es la Virgen de Guadalupe. Me cuentan mucho que en México hay una gran fiesta de la Virgen y algún día quisiera ir a vivirla allá”, indicó la pequeña actriz.

Muchos adultos vieron conmovidos esta obra y recordaron así sus años de infancia en México donde les fue sembrada esta devoción. “Es una tradición muy arraigada que viene desde nuestros abuelos”, dice Rafael Domínguez. “Es un orgullo festejarla en otro país que no es de uno, traer esas costumbres aquí y poner un granito de arena apra apoyar a nuestra comundiad y celebrar con ella”.

Leticia Luján por su parte compartió, con la voz entrecortada, cómo la Morenita ha intercedidó por una gran necesidad que tuvo su familia: “Tengo una nieta que a los cienco años le dio leucemia. Yo le pedí a la Virgen de Guadalupe y por su intercesión ella fue curada. Desde entonces la venero cada año”.

Así, miles de fieles del norte de Colorado se reunieron en torno a la Madre de Dios con cantos como “La Guadalupana” y “Buenos días paloma blanca” y le rezaron la oración con la que el Padre Hernández concluyó su homilía: “Te pedimos la fortaleza para hacer la voluntad de Dios en nuestras vidas y que tu Santo Manto Virgen de Guadalupe, nos acompañe, nos cubra con su amor, hoy y siempre”.

Próximamente: La oración es la mejor arma

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¿Sabías que diariamente cada uno de nosotros ve centenares – si no son miles – de avisos publicitarios? De hecho, el censo entre los investigadores de marketing dice que es posible que se vean o escuchen hasta 4 mil por día.

Estamos bombardeados de mensajes y al mismo tiempo nos consuelan las palabras de San Pablo en su carta a los tesalonicenses: “Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (I Tes 5. 16 – 18).

Esta columna es la tercera y final de una serie de artículos que he escrito sobre la Exhortación Apostólica del Papa Gaudete et Exsultate, Regocijaos y alegraos, (las otras dos columnas se han publicado en nuestra página web n.d.t) la cual tiene como objetivo inspirar a todas las personas a la santidad. Como expliqué en mi columna anterior esta semana estaré reflexionando sobre la sección “En oración constante” y “Combate, vigilancia y discernimiento”. He escogido focalizarme específicamente en estas secciones porque ellas nos indican cómo los cristianos debemos interactuar y ver el mundo en el cual vivimos.

Y las preguntas sobre nuestra cosmovisión son especialmente importantes ya que la verdad se vuelve más difícil de descubrir con la avalancha de información que experimentamos.

El Papa Francisco dedica la última sección de su capítulo sobre la santidad al tema “En oración constante”, como la exhortación que hace San Pablo de orar continuamente. Esto suena imposible, y lo sería si tuviéramos que confiar solo en nuestras fuerzas o en nuestra capacidad de concentración. Pero sabemos que “para Dios todo es posible” (Mt. 19, 26).  Este reto es tan importante que el Papa Francisco dice: “No creo en la santidad sin oración” (GE 147).

La batalla que cada uno de nosotros enfrenta cada día y cada minuto está entre las realidades inmediatas que nos rodean en este mundo y las realidades sobrenaurales que se encuentran de manera simultánea en el trabajo. Tendemos a concentrarnos en lo que podemos ver y olvidamos aquello que no podemos ver. El Papa Francisco escribe. “El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo, y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor” (GE 147).

Estar en oración continua no quiere decir recitar plegarias en todo momento o esperar siempre emociones intensas. Significa más bien permanecer en presencia de Dios en todo lo que hagamos.  Hacemos de Dios el final de cada acción, pensamiento o palabra. El Santo Padre cita a San Juan de la Cruz para describir esta manera de vivir. “Procure ser continuo en la oración, y en medio de los ejercicios corporales no la deje. Sea que coma, beba, hable con otros, o haga cualquier cosa, siempre ande deseando a Dios y apegando a Él su corazón” (GE 148).

El secreto de permanecer conectados con Dios en todo momento está en la relación con la Santa Trinidad.  Cuando sepas en tu corazón que tu identidad más fundamental es la de hijo de Dios Padre, serás capaz de pasar tiempo en silencio, descansando en la presencia del Espíritu Santo y escuchando atentamente su palabra. “En ese silencio es posible discernir, a la luz del Espíritu, los caminos de santidad que el Señor nos propone”, dice el Papa Francisco (GE 150).

El tiempo que empleamos encontrando a cada persona de la Santa Trinidad es lo que inflama nuestros corazones y nos cura. Nos permite profundizar en la realidad y aviva nuestra experiencia. El Papa se inspira en una hermosa experiencia de Santa Teresita de Lisieux para describir cómo una comunidad puede ser transformada.

“Una tarde de invierno estaba yo cumpliendo, como de costumbre, mi dulce tarea”, cuenta Santa Teresita. “De pronto, oí a lo lejos el sonido armonioso de un instrumento musical. Entonces me imaginé un salón muy bien iluminado, todo resplandeciente de ricos dorados; y en él, señoritas elegantemente vestidas, prodigándose mutuamente cumplidos y cortesías mundanas. Luego posé la mirada en la pobre enferma, a quien sostenía. En lugar de una melodía, escuchaba de vez en cuando sus gemidos lastimeros (…). No puedo expresar lo que pasó por mi alma. Lo único que sé es que el Señor la iluminó con los rayos de la verdad, los cuales sobrepasaban de tal modo el brillo tenebroso de las fiestas de la tierra, que no podía creer en mi felicidad” (GE 145).

El Santo Padre también reconoce que hay una batalla constante librada por el diablo para alejarnos de la vida centrada en Dios. Al principio del capítulo cinco, refiriéndose al combate espiritual, el Papa Francisco marca un punto en el que dice que cuando hablamos de la batalla con el mal, la Iglesia no solo está hablando de enfrentar una mentalidad mundana o esforzarse por superar las debilidades humanas (cf GE 158 – 159). Satanás es real; él es “un ser personal que nos acosa” (GE 160).  Esto se demuestra, dice el Papa, con el poder destructivo del maligno en el mundo que nos rodea.

Al mismo tiempo, no tenemos por qué sentirnos intimidados por esta batalla, sepamos que Jesús en la cruz venció el pecado, a la muerte y a Satanás. “Nadie resiste si opta por quedarse en un punto muerto, si se conforma con poco, si deja de soñar con ofrecerle al Señor una entrega más bella”, (GE, 163). La clave está en participar de esta lucha dependiendo de Jesús, cultivando todo aquello que es bueno, verdadero y hermoso, profundizando en nuestra vida de oración y creciendo en el amor.

Y mientras que comenzamos este tiempo de verano, oro para que tú puedas fortalecerte con la armadura de la oración constante, para que, tanto tú como las personas sobre las cuales tienes influencia se acerquen más a Jesucristo. Te invito a que crezcas en tu devoción y atención a la Eucaristía, a que reces el Rosario en familia. Que las palabras del Papa Francisco en la Evangelii Gaudium te inspiren a aceptar este desafío: “El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal” (EG 85).