Convenio entre el Centro San Juan Diego y UPAEP tiene ya su primer licenciada

Carmen Elena Villa

Hace tres años Mónica Chavez no sabía ni siquiera encender una computadora. El pasado 6 de diciembre fue la primera estudiante en graduarse de licenciada gracias al convenio establecido entre la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla UPAEP y el Centro San Juan Diego.

Ella decidió inscribirse para cursar la licenciatura en Trabajo Social. Compró su computadora, aprendió a manejarla con la asesoría de expertos y de videos tutoriales y se decidió a estudiar Trabajo Social mientras que cuidaba sus hijos, en especial del mayor que tiene necesidades especiales.

“Ella es la punta de la lanza”, dijo Luis Álvarez, director del Ministerio Hispano y del Centro San Juan Diego durante la ceremonia de graduación a la que asistieron el arzobispo Samuel Aquila, el cónsul encargado de México Jeremías Guzmán Barrera y 11 empleados y directivas de la UPAEP que viajaron desde Puebla.

“Hace trece años que el Centro San Juan Diego abrió sus puertas para servir a la comunidad hispana inmigrante confiados en su gran potencial”, dijo en su discurso en español el arzobispo Aquila. “Como arzobispo de Denver me llena de alegría ser testigo de la gran capacidad y el esfuerzo de la comunidad hispana. Me alegra que como Iglesia caminemos con el Centro San Juan Diego y la universidad UPAEP”.

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Mónica Chavez junto con los esposos Norma Moreno y Esteban Palafox quienes vinieron de Arizona para recibir el título de licenciados en Derecho de la UPAEP.

También obtuvieron su título de abogados los esposos Norma Moreno y Esteban Palafox. Ambos viven en Phoenix, Arizona y desde allí cursaron las asignaturas de Derecho mientras que trabajaban en una peluquería “¡Por fin culmina todo este trabajo realizado durante años!”, dijo Norma mientras que Esteban calificó esta graduación como “el mejor regalo de Navidad”.

 

Convenio que abre puertas

En Estados Unidos solamente el 15 por ciento de los hispanos tiene un nivel de licenciatura o más alto. Por ello el Centro San Juan Diego vio la necesidad de establecer convenios que permitan a la población hispana de Colorado acceder a estudios de educación superior. Así, en el año 2012, se logró una unión con la UPAEP que permite que muchos hispanos se matriculen en los diferentes programas de licenciatura en línea. Hoy este convenio tiene 46 estudiantes y tiene ya su primera licenciada.

Para Juan Carlos Reyes, director de servicios familiares del Ministerio Hispano y encargado del convenio entre el Centro San Juan Diego y la UPAEP la experiencia de acompañar a los estudiantes de las licenciaturas “es un deleite”.

“Ver sus ganas y su determinación es para nosotros un motor que solamente nos empuja a ir más adelante”, indica Reyes.

“Generalmente los hispanos cuando llegan como adultos a los Estados Unidos, no tienen, ni en su plan A ni en su plan B ir a la escuela”, comenta Reyes. “Oportunidades como esta les recuerda que pueden cumplir metas que quizás no se imaginaron. Esto es potencia, es dinamita” y dice que gracias al acompañamiento que dan a los hispanos en la UPAEP les ha tocado “conocer a los mejores hispanos que hay en la comunidad de Denver”.

 

Esfuerzo y perseverancia

Mónica vive hace 19 años en Colorado. Siempre quiso hacer una carrera universitaria, pero en su país no fue posible. Ni siquiera pudo terminar la preparatoria. Hace cinco años vio un anunció en un periódico local que le permitió estar más cerca del sueño que había tenido y nada la detuvo. Validó su preparatoria, compró su computadora y comenzó a estudiar.  Decidió tomar más cursos por cada cuatrimestre por lo que terminó su carrera antes que sus compañeros (dos años y medio) “Trabajaba día y noche para hacer mis tareas”, recuerda. Hoy sueña poner su carrera al servicio de los más necesitados. Hacer un voluntariado o involucrarse en una entidad sin ánimo de lucro.

Mónica dedicó este título a su madre Martha Chavez, quien falleció hace 19 años y a su sobrina Kendra quien murió hace dos. “Seguro que ambas están celebrando este triunfo desde el cielo”, dijo con la voz entrecortada durante su discurso de graduación. “Este es un logro enorme no solo para mí sino para mi familia. Fue un esfuerzo de todos”, indicó la nueva licenciada.

Para Móinca Cortiglia, directora de innovación académica de la UPAEP, ahora para los nuevos profesionales inicia un nuevo reto: “ejercer ante el mundo su profesión, dar testimonio de lo que se ha forjado en ustedes, ayudar al mundo con calidad académica y entrega humana”.

Próximamente: Cinco por ciento de luz

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Vi el eclipse total de sol desde Denver, Colorado. Wyoming, estado que limita hacia el norte, fue uno de los lugares donde se vio en un cien por ciento. Muchos viajaron allí para observar este fenómeno natural que no ocurría en este país desde hace 99 años. Por cuestiones de trabajo no pude viajar, pero me contenté con verlo desde aquí, donde la luna tapó al sol en un 95 por ciento.

Confieso que tuve la ilusión de que ese alto porcentaje fuera suficiente para ver el cielo semioscuro, para observar a los pájaros volar precipitadamente a sus nidos y escuchar luego a los gallos cantar en un insólito amanecer de medio día.

En la mañana encendí la radio donde daban las últimas indicaciones para disfrutar del eclipse. Los locutores advirtieron que la oscuridad sería mínima en Colorado, pero pensé que estaban exagerando. El punto máximo fue a las 11:47 a.m. hora local. Salimos con lentes en mano cuando se acercaba el momento. Emocionados pudimos ver cómo el brillo del sol se iba menguando con la interposición de la luna. Pero cuando esta avanzó hacia la hora pico, la luz continuaba aunque más tenue “¿Un mal cálculo de parte de los astrónomos?”, nos preguntamos. Al seguir observando el eclipse con nuestros lentes vimos que un pequeño cachito de sol se asomaba y me maravillé al ver cómo ese cinco por ciento de luz pudo iluminar tanto.

En nuestra vida también hay momentos de oscuridad donde nuestro brillo puede ser eclipsado por muchas adversidades: un fracaso, una decepción, una enfermedad, un accidente o simplemente un bajón en nuestro estado de ánimo. Sin embargo, un cachito de esperanza puede ser suficiente para impedir que caigamos en la oscuridad total ¿Y en qué puede estar representado ese pedacito de luz? En primer lugar, en Dios mismo. Ese “sol de justicia”, como lo llamó el profeta Malaquías. En Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, quien nos dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12).

Recordemos que Jesús también nos llamó para que con su luz iluminemos la vida de los demás: “Vosotros sois la luz del mundo. (…) Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt. 5, 14.16)

Ese cachito de luz lo podemos ver en su amor que se ve reflejado en las personas a quienes amamos y también en quienes están agradecidos con nosotros porque en algún momento les tendimos una mano. Lo podemos ver en nuestros buenos recuerdos, en los talentos cultivados o en las oportunidades que nos han permitido mejorar.

Nadie está libre de adversidades que pueden llegar para dar un giro a nuestra vida. Que pueden hacernos caer en un eclipse y no necesariamente de dos minutos de duración.  Pero depende de nosotros seguir viendo la luz a través de los rayos de sol que continúan asomándose, dándonos ánimo y repitiéndonos que nuestra vida tiene sentido, que el sol continúa presente dándonos luz y calor con los rayos tenues que logran asomarse en ese pequeño espacio que le dejó la luna.