¿Considera La Biblia algún alimento impuro?

Esta pregunta nos la realizó el lector Patricio Espinoza a través de nuestra página web.

La prohibición de consumir ciertos alimentos es algo habitual en la inmensa mayoría de las sectas. La dieta de las sectas no viene provocada por razones higiénicas o culturales, como es el caso del judaísmo o del islam, sino que es consecuencia directa de una política de sus dirigentes, encaminada a conseguir que el adepto adquiera una identidad claramente diferenciada. A ello se debe que haya prescripciones dietéticas en los mormones, los adventistas, los testigos de Jehová y en prácticamente todas las sectas orientalistas. Pocas cosas sirven mejor para marcar distancias que la diferencia en la dieta o en la manera de vestir.

El Antiguo Testamento no prohíbe a los no – judíos ningún alimento: El Antiguo Testamento establece una diferencia evidente entre los hijos de Israel y el resto de la humanidad. Ciertamente, los primeros se hallan sometidos (a partir de Moisés) a una dieta que se ha denominado convencionalmente levítica, en la que no sólo entra en juego la prohibición de ciertos alimentos, sino también de ciertas formas de sacrificarlos y cocinarles.

Ahora bien, para el no-judío, o sea, el no adepto no existía ninguna obligatoriedad de guardar esas normas dietéticas. Como dice Dt 14,21, incluso podían comer animales que no habían sido sacrificados ritualmente y que, por tanto, resultaban impuros por estar sin desangrar.

Jesús declaró puros todos los alimentos: Pablo nos ha transmitido la clara convicción de la Iglesia primitiva de que Cristo había nacido bajo la ley y la había cumplido para rescatarnos de la misma: “Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley y para que recibiéramos la filiación adoptiva” (Gal 4,4-5).

Por lo tanto, el que Jesús cumpliera con las leyes dietéticas de la ley de Moisés está fuera de discusión; como también lo está el que ciertamente fue circuncidado y el que celebró las fiestas judías. Ahora bien, lo que sí es evidente es que Jesús se preocupó de marcar los senderos por los que discurrirá con posterioridad la Iglesia apostólica; y entre ellos se hallaba el de la emancipación de la ley de Moisés, que no tenía sentido teológico tras su venida. Que esto incluía abolir las distinciones entre alimentos puros e impuros se desprende de los mismos evangelios: “Luego llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchadme bien todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, cuando entra en él, pueda convertirlo en impuro. Lo que sale del hombre es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír que oiga». Y luego, tras retirarse de la gente, cuando entró en casa le preguntaron sus discípulos sobre la parábola. Él les dijo: «¿Tampoco vosotros lo entendéis? ¿No comprendéis que todo lo que entra en el hombre desde fuera no puede hacerle impuro, porque no penetra en su corazón, sino en el vientre y va a dar en el retrete?» Así declaraba puros todos los alimentos. Y añadía: Lo que sale del hombre es lo que hace impuro al hombre” (Mc 7,14-20).

Los apóstoles enseñaron que los cristianos podían tomar todos los alimentos: “Al día siguiente, mientras iban de camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la terraza para hacer oración. Le dio hambre y sintió deseos de comer algo. Mientras se lo preparaban le sobrevino un éxtasis y vio los cielos abiertos y una cosa que se asemejaba a un gran lienzo que descendía hasta la tierra, atada por sus cuatro extremos. En su interior había todo tipo de animales de cuatro patas, reptiles de la tierra y aves del cielo. Y una voz le dijo: «Levántate, Pedro, mata y come». Pedro respondió: «De ninguna manera, Señor; jamás he comido nada profano e impuro». La voz le dijo por segunda vez: «Lo que Dios ha purificado no lo llames profano». Aquello se repitió por tres veces e inmediatamente la cosa fue elevada hacia el cielo” (Hech 10,9-16).

La abstinencia y el ayuno, por otra parte, son sanas costumbres bíblicas practicadas en el Antiguo y Nuevo Testamento que seguimos los católicos a ejemplo de Jesús y los Apóstoles – durante la Cuaresma y a lo largo del año.

Agradecemos a Monseñor Jorge de los Santos por su respuesta. Cualquier inquietud, puede escribir a elpueblo@archden.org, nuestra página web www.elpueblocatolico.com o nuestro sitio en Facebook El Pueblo Católico.

Próximamente: ¿Qué esperas del V Encuentro de la pastoral hispana?

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A las puertas del encuentro diocesano de Pastoral Hispana que se realizará el próximo 16 de septiembre en la escuela  Bishop Machebeuf de Denver, hablamos con fieles de diferentes parroquias sobre sus expectativas ante este importante hito dentro de la misión evangelizadora de los Estados Unidos.

 

Jorge Hernández.

Parroquia Saint James, Denver

“La preparación para el V Encuentro nos está enseñando a escuchar. Y al hacer esto estamos dejando en ellos la semillita la Palabra de Dios. En esta fase parroquial y diocesana debemos escuchar las expectativas frente a la evangelización de los hispanos en los Estados Unidos. Y después de escuchar, saber responder”.

 

Toli Navarro

Parroquia Holy Cross, Thornton.

“Este encuentro es el despertar de nosotros mismos los hispanos. Es continuar con esta misión que Dios nos dejó. Yo antes no iba mucho a la Iglesia y luego comencé a ir.  Para este encuentro hemos encuestado algunas personas que están en la situación en la que yo estuve y me he dado cuenta que debemos motivarlos a que vengan, a que acudan a los sacramentos a que no se enfoquen tanto en el trabajo como para dejar de lado lo más importante que es la fe”.

 

Rosi Rodriguez

Parroquia Queen of Peace, Aurora.

“Espero que la gente conozca más de Dios porque estamos muy alejados de Él y hay muchas familias que no lo conocemos por el simple hecho de no tener el compromiso. Hablamos de que hay mala comunicación en la familia por el exceso de trabajo de los padres y, los niños están en la tecnología y no le tomamos importancia o cuidado a nuestros hijos. Debemos tener a Dios en el centro de nuestra familia y es lo más importante”.

 

María Grimaldo

Parroquia San Joseph, Denver.

“Para mí es salir a “primeriar”, como dice el Papa. Las personas que están necesitadas de un abrazo o una palabra, del encuentro con Jesús. Debemos escucharlos para poder entender las necesidades que tienen, que se sientan acogidos, que sientan que alguien se interesa por ellos y luego lo catequizas y les das la doctrina.  También escuchar a los jóvenes. Ellos se interesan más por su superación personal, pero deben poner a Dios también en sus metas personales”.