Conoce las raíces judías de la Santa Misa

Vladimir Mauricio-Perez

La Misa no es una invención de los apóstoles o algo que Jesús creó de la nada. Es, más bien, una larga tradición que muestra cómo esta fue una transformación de la liturgia judía, conocida como la “cena pascual” y más tarde como el “Seder de Pésaj”.
“Si bien existe un debate sobre este punto, ha habido una larga tradición de que este fue el caso”, dice el Dr. Mark Giszczak, profesor de Biblia del Agustine Institute de Denver. “Un judío atento escucharía muchas referencias a la Pascua (en la Misa)”.
¿Cómo trajo Jesús esta tradición? Con la ayuda del Dr. Giszczak y del libro de Dr. Brant Pitre Jesus and the Jewish roots of the Eucharist (Jesús y las raíces judías de la Eucaristía n.d.t), tratamos de ilustrar los aspectos básicos de esta tradición, describiendo la cena pascual y cómo Jesús la conservó y la transformó durante la Última Cena.

LA CENA PASCUAL
Algunas de las principales características están establecidas por Dios a su pueblo en el capítulo 12 del Éxodo, donde Él les ordenó que comieran antes de liberarlos de la tierra de Egipto. Igualmente, consideramos aquí varias de las prácticas que eran populares en el tiempo de Jesús.
Sacrifica un cordero y esparce su sangre
El cordero debía estar libre de defectos y debía ser sacrificado de tal manera que no se rompiera ninguno de sus huesos. En tiempos de Jesús, los corderos tenían que ser sacrificados en el templo de Jerusalén porque el sacrificio era un derecho reservado a los sacerdotes levitas. Así, la Pascua tenía que ser celebrada en Jerusalén.
En Éxodo 12, los israelitas tenían que esparcir la sangre del cordero en los dinteles de madera de las puertas, para que cuando Dios pasara por Egipto, pasara de largo por sus casas sin tomar la vida de los primogénitos.
Come el cordero con pan sin levadura
Los israelitas tenían que comer la carne del sacrificio, cuya sangre estaba esparcida para salvarlos de la muerte de su hijo primogénito. El pan sin levadura era un signo de la prisa con la que salieron de Egipto, pues no tenían tiempo de dejarlo crecer.
Recuerda siempre este día
Dios pidió a los israelitas recordar este día generación tras generación. Esta conmemoración era vista no solo como un recuerdo de la Pascua sino también como un momento para revivir el misterio de la Pascua. Un padre de familia explicaría a su hijo la historia y el simbolismo detrás del pan y de otros alimentos durante la cena.

Pascua del Mesías
En tiempos de Jesús se desarrolló una nueva teoría entre muchos judíos que decía que el Mesías los libraría de la opresión en una noche de Pascua, como Dios había liberado a sus ancestros de la tierra de Egipto, y traería un nuevo éxodo y una nueva alianza.
Las cuatro copas
El Séder de Pesaj se divide en la bendición de cuatro copas. Los expertos no están completamente seguros de que esta práctica haya sido establecida en tiempos de Jesús, pero existen razones para creer que alguna forma de ella ya existía. Esta costumbre también exigía la lectura de las Escrituras hebreas e himnos finales.

LO QUE JESÚS CONSERVÓ
Mateo, Marcos y Lucas dicen que la Última Cena fue una cena pascual: “Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles; y les dijo: ‘Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer’” (Lc. 22, 14 – 15). Los evangelios también dicen que esto ocurrió en la tarde y en Jerusalén, como era requerido. Igualmente, los evangelios incluyen una explicación del significado del pan y la conclusión con un himno.
Teoría de las cuatro copas
Lucas menciona que Jesús tenía más de una copa. “La copa” y “la copa antes de la cena” (Lc. 22, 14 – 20). Dr. Pitre explica que existen razones para pensar que la tradición de las cuatro copas estaba ya presente, especialmente porque ayuda a explicar otras alusiones a las “cuatro copas” hechas por Jesús. Basados en las pistas que da la narrativa del Evangelio, las copas que Jesús menciona deben haber sido la segunda, tercera y cuarta.
La primera copa servía como introducción de la cena, la segunda estaba ligada a la explicación de los símbolos del pan y la comida; la tercera se bebía después de cenar y la cuarta servía de conclusión, después del himno.
LO QUE JESÚS CAMBIÓ
Jesús cambia el enfoque de la memoria de la antigua alianza y la convierte en una “Nueva alianza”, provocada por el Mesías en la Última Cena: “Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros” (Lc. 22, 20). Él establece una nueva pascua de la siguiente manera.

El cordero pascual
La liturgia pascual giraba alrededor del cuerpo y la sangre del cordero. Jesús ahora la focaliza en su cuerpo y sangre, poniéndose él mismo como el cordero sacrificial. Él toma el pan y lo explica bajo una nueva luz: “Este es mi cuerpo”.
Entonces toma el vino dice: “Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados.” (Mt. 26, 27 – 28) El Dr. Pitre dice que un judío pudo haber entendido lo que Jesús decía: “Yo soy el nuevo cordero pascual, esta es la pascua del Mesías, y yo soy el nuevo sacrificio”.

La cuarta copa no tomada
En lugar de beber lo que habría sido la cuarta copa de la Pascua, Jesús dice que Él no tomará vino otra vez hasta que lo tome en el reino. En su lugar, luego de pronunciar el himno final, se dirige con sus apóstoles al Monte de los Olivos (Mt 26, 27-30). El Dr. Pitre asegura que esto hubiera desconcertado a los apóstoles porque significaba dejar la cena de Pascua sin terminar.
La cuarta copa de Jesús
La cuarta copa es su sacrificio. En Getsemaní Jesús ora al Padre tres veces sobre la copa de su muerte que Él debía beber… “Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad.” (Mt 26, 42).
Esto no ocurrió sino hasta que Él estaba a punto de morir en la cruz y pidió la última copa diciendo: “Tengo sed”, luego bebió de una esponja llena de vinagre de vino y exclamó: “Todo está cumplido”. El Dr. Pitre afirma que fue allí cuando concluyó la Última Cena – en la cruz, justo antes de que muriera. Jesús entrelazó su propio sacrificio en el misterio pascual, como cordero expiatorio, para traer la pascua del Mesías para la salvación de todos.
La Misa
La Nueva Pascua es la celebración eucarística, la Misa. “Él instituyó una nueva liturgia pascual que estuviera ligada a su muerte”, dice el Dr. Pirte. Comemos la carne de la Nueva Alianza, Jesús mismo, y bebemos de su sangre. Esta es la Nueva Alianza que nos trae un nuevo éxodo, no de la esclavitud egipcia sino de la esclavitud del pecado, y nos lleva a la Tierra Prometida.

Próximamente: La oración es la mejor arma

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¿Sabías que diariamente cada uno de nosotros ve centenares – si no son miles – de avisos publicitarios? De hecho, el censo entre los investigadores de marketing dice que es posible que se vean o escuchen hasta 4 mil por día.

Estamos bombardeados de mensajes y al mismo tiempo nos consuelan las palabras de San Pablo en su carta a los tesalonicenses: “Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (I Tes 5. 16 – 18).

Esta columna es la tercera y final de una serie de artículos que he escrito sobre la Exhortación Apostólica del Papa Gaudete et Exsultate, Regocijaos y alegraos, (las otras dos columnas se han publicado en nuestra página web n.d.t) la cual tiene como objetivo inspirar a todas las personas a la santidad. Como expliqué en mi columna anterior esta semana estaré reflexionando sobre la sección “En oración constante” y “Combate, vigilancia y discernimiento”. He escogido focalizarme específicamente en estas secciones porque ellas nos indican cómo los cristianos debemos interactuar y ver el mundo en el cual vivimos.

Y las preguntas sobre nuestra cosmovisión son especialmente importantes ya que la verdad se vuelve más difícil de descubrir con la avalancha de información que experimentamos.

El Papa Francisco dedica la última sección de su capítulo sobre la santidad al tema “En oración constante”, como la exhortación que hace San Pablo de orar continuamente. Esto suena imposible, y lo sería si tuviéramos que confiar solo en nuestras fuerzas o en nuestra capacidad de concentración. Pero sabemos que “para Dios todo es posible” (Mt. 19, 26).  Este reto es tan importante que el Papa Francisco dice: “No creo en la santidad sin oración” (GE 147).

La batalla que cada uno de nosotros enfrenta cada día y cada minuto está entre las realidades inmediatas que nos rodean en este mundo y las realidades sobrenaurales que se encuentran de manera simultánea en el trabajo. Tendemos a concentrarnos en lo que podemos ver y olvidamos aquello que no podemos ver. El Papa Francisco escribe. “El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo, y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor” (GE 147).

Estar en oración continua no quiere decir recitar plegarias en todo momento o esperar siempre emociones intensas. Significa más bien permanecer en presencia de Dios en todo lo que hagamos.  Hacemos de Dios el final de cada acción, pensamiento o palabra. El Santo Padre cita a San Juan de la Cruz para describir esta manera de vivir. “Procure ser continuo en la oración, y en medio de los ejercicios corporales no la deje. Sea que coma, beba, hable con otros, o haga cualquier cosa, siempre ande deseando a Dios y apegando a Él su corazón” (GE 148).

El secreto de permanecer conectados con Dios en todo momento está en la relación con la Santa Trinidad.  Cuando sepas en tu corazón que tu identidad más fundamental es la de hijo de Dios Padre, serás capaz de pasar tiempo en silencio, descansando en la presencia del Espíritu Santo y escuchando atentamente su palabra. “En ese silencio es posible discernir, a la luz del Espíritu, los caminos de santidad que el Señor nos propone”, dice el Papa Francisco (GE 150).

El tiempo que empleamos encontrando a cada persona de la Santa Trinidad es lo que inflama nuestros corazones y nos cura. Nos permite profundizar en la realidad y aviva nuestra experiencia. El Papa se inspira en una hermosa experiencia de Santa Teresita de Lisieux para describir cómo una comunidad puede ser transformada.

“Una tarde de invierno estaba yo cumpliendo, como de costumbre, mi dulce tarea”, cuenta Santa Teresita. “De pronto, oí a lo lejos el sonido armonioso de un instrumento musical. Entonces me imaginé un salón muy bien iluminado, todo resplandeciente de ricos dorados; y en él, señoritas elegantemente vestidas, prodigándose mutuamente cumplidos y cortesías mundanas. Luego posé la mirada en la pobre enferma, a quien sostenía. En lugar de una melodía, escuchaba de vez en cuando sus gemidos lastimeros (…). No puedo expresar lo que pasó por mi alma. Lo único que sé es que el Señor la iluminó con los rayos de la verdad, los cuales sobrepasaban de tal modo el brillo tenebroso de las fiestas de la tierra, que no podía creer en mi felicidad” (GE 145).

El Santo Padre también reconoce que hay una batalla constante librada por el diablo para alejarnos de la vida centrada en Dios. Al principio del capítulo cinco, refiriéndose al combate espiritual, el Papa Francisco marca un punto en el que dice que cuando hablamos de la batalla con el mal, la Iglesia no solo está hablando de enfrentar una mentalidad mundana o esforzarse por superar las debilidades humanas (cf GE 158 – 159). Satanás es real; él es “un ser personal que nos acosa” (GE 160).  Esto se demuestra, dice el Papa, con el poder destructivo del maligno en el mundo que nos rodea.

Al mismo tiempo, no tenemos por qué sentirnos intimidados por esta batalla, sepamos que Jesús en la cruz venció el pecado, a la muerte y a Satanás. “Nadie resiste si opta por quedarse en un punto muerto, si se conforma con poco, si deja de soñar con ofrecerle al Señor una entrega más bella”, (GE, 163). La clave está en participar de esta lucha dependiendo de Jesús, cultivando todo aquello que es bueno, verdadero y hermoso, profundizando en nuestra vida de oración y creciendo en el amor.

Y mientras que comenzamos este tiempo de verano, oro para que tú puedas fortalecerte con la armadura de la oración constante, para que, tanto tú como las personas sobre las cuales tienes influencia se acerquen más a Jesucristo. Te invito a que crezcas en tu devoción y atención a la Eucaristía, a que reces el Rosario en familia. Que las palabras del Papa Francisco en la Evangelii Gaudium te inspiren a aceptar este desafío: “El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal” (EG 85).