Cómo llevar tu hijo pequeño a Misa y sobrevivir en ella

Aaron Lambert

Cuando tú te casas, el sacerdote suele hacer un énfasis en el llamado a tener y acoger los hijos. Tener hijos es una de las alegrías más grandes de la vida, pero una vez empiezan a caminar y a hablar, las reglas de juego cambian.

Una familia con un niño pequeño (o varios) puede hacerse a la idea de que ir a Misa es una fuente de estrés más que de paz. Pero no tengan miedo, padres de familia: ustedes no están solos. Pueden sobrevivir a la Misa con un niño pequeño.

Una de las luchas más comunes que los padres tienen que enfrentar cuando van a Misa con sus niños es contra las distracciones. Es una respuesta natural: mi hijo no se sienta, entonces le daré algo de comer, un libro para leer, un juguete para jugar… y la lista continúa. Sin embargo, para Sean McDevit, feligrés de la parroquia Immaculate Heart of Mary, tener el niño ocupado durante la Misa no debe ser el objetivo de los padres.

“Si creemos realmente que la Misa es lo que es, entonces ¿por qué tendría que sacar a mi hijo de esa realidad?”, se pregunta McDevitt. Durante la Misa debemos aprovechar esa capacidad de asombro que es innata en los niños.

McDevitt comparte algunas maneras prácticas de mantenerlos  atentos a la Misa.

Para empezar, no a las distracciones. Si traes algo para distraer a tu hijo, él luego inevitablemente se aburrirá con esto y tú tendrás que traer algo más atractivo. También, las distracciones, a menudo conducen a más distracciones: “Mis hijos siempre tiraban al suelo lo que les traíamos”, indica McDevitt.

Y aquí va otro consejo que quizás se salga de tus esquemas: Siéntate en las bancas de adelante. Esto puede ser aterrador, especialmente para aquellos padres cuyo hijo tiene más energía que una turbina al viento, pero la idea es que tu niño se sumerja en la Misa y que sus sentidos puedan estar conectados a ella.

“Tu hijito debe tener un asiento en la primera fila para ver todo, y allí entran tanto en juego los sentidos que tu hijo se hipnotizará”, dijo McDevitt. “Otra forma de decir esto es que no habrá nada entre su hijo y nuestro Señor. Deja que quien conquistó el mundo conquiste a tu hijo”

Michael Lynch, feligrés de St. Peter en Greeley, concuerda con este consejo. También dijo que si su niño comienza a darle un mal rato, no tenga miedo de regresar a la iglesia y que resista a la tentación de llevarlo de inmediato a la “sala del llanto” (en caso de que su parroquia tenga una).

“El simple hecho de caminar hacia la parte posterior de la iglesia es una suficiente distracción para detener cualquier mala conducta”, indica Lynch. “Los feligreses necesitan ver la vida joven de la parroquia y tus hijos son, para la mayoría, más adorables que elementos distractores”.

Lynch menciona además otro punto importante: Aunque suene raro, la mayoría de los padres han escuchado a esa persona decir algo grosero en voz baja después de la Misa sobre cómo la Iglesia se ha convertido en un campo de juego, o algo por el estilo. Déjalo ir, dijo Lynch. “Ignora los comentarios rudos que puedan hacer algunos y disfruta de los elogios que hace la mayoría”

Otro medio para ayudar al comportamiento general en la Misa es explicarle a los niños lo que está pasando. Adam Pippin y su familia van a Misa en la parroquia de St Mary en Littleton y un punto que realmente le ayudó fue leer el libro The Lamb’s Supper (La cena del cordero n.d.t) de Scott Hahn. No solo le dio motivos para explicar la misa a sus hijos de manera más efectiva, también aprendió mucho.

“Los niños tienen una imaginación vívida cuando les hablamos. Ellos abren sus corazones y sus mentes a la maravilla y el asombro de la Misa”, dijo Pippin. “En consecuencia los adultos también serán más conscientes de lo que es la Misa cuando les explican elementos tan asombrosos como la Eucaristía, las lecturas, el sacerdote, el sagrario, el altar”. Ir a Misa diaria también es una excelente manera de mejorar el comportamiento general para su niño pequeño.

Otro consejo práctico es hablar sobre lo que sucede en la Misa fuera de ella. Es adorable cuando los niños pequeños juegan Misa en casa, pero además de ser una buena actividad extracurricular, al hacerlo se inculca un sentido más profundo de lo que es la Misa para los niños.

No debe venir como una sorpresa el hecho de que la Misa tiende a tener un impacto profundo en los niños, aún si tú no estás prestando atención. Después de todo esto, el Señor se hace presente en la Misa y los niños están mucho mejor que los adultos al sentir esa presencia.

Lo más importante es ir al corazón del asunto. Educar niños es un esfuerzo difícil, pero nunca olvides que los padres son los primeros maestros de sus hijos. Lucha contra el impulso de dejar de ir la Misa porque es difícil. Nunca te sientes en la parte de atrás, ándate adelante. No dejes que el enemigo te arrastre en el camino. Nada es verdaderamente más importante.

“Cuando viene a nuestra mente la idea de que sería mejor para nosotros retirarnos de aquello que es bueno y santo, quizás esto no viene del Señor”, concluye McDevitt.

Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa.

Próximamente: No te olvides de llevar a Dios a tu trabajo

¡Regístrese en una suscripción digital a Denver Catholic En Español!

Pertenezco a un grupo de oración en Facebook. La gente publica sus intenciones, y los otros miembros rezan. Una de las formas en que se puede dar un buen uso de las redes sociales.

El otro día publiqué, como lo hago en ocasiones, una petición para que los miembros rezaran por una transacción en la que he estado trabajando en mi negocio de bienes raíces. Ha sido estresante, y me ha causado gran ansiedad. Los otros miembros, como siempre, me apoyaron y me aseguraron que rezarían. Pero un miembro creyente me preguntó si creo que es apropiado pedir por el éxito en negociaciones comerciales. No se estaba negando, fíjate. Pero, aparentemente había hecho lo mismo en otro sitio de oración, y se le dijo que este no era un tema apropiado para una petición de oración. Me dijo que ella creía que era bastante apropiado, ya que su negocio es en realidad un apostolado, pues hacen rosarios. Definitivamente dignos de la oración

Y comencé a pensar: ¿son los fabricantes de rosarios el único “negocio” por el que podemos rezar? ¿Tenemos que, de alguna manera, estar involucrados directamente en un ministerio relacionado a la Iglesia antes de que Dios quiera escuchar lo que estamos haciendo?

Pienso que, como cristianos, tendemos a dividir el mundo y nuestras vidas entre lo “sagrado” y lo “secular”. “Sagrado” es la Misa del domingo. El tiempo de oración. Evangelización. El trabajo solo es sagrado si es para la iglesia, o está directamente relacionado a la evangelización. Todo lo demás: nuestros equipos de softbol, nuestras reuniones escolares, nuestra compra de víveres, nuestras vacaciones que no son de peregrinación, y especialmente “el mundo de los negocios” – son puramente “seculares”.  Dios está interesado en el primero, y no le importa tanto lo segundo.

¿Es verdad?

San Juan Pablo II, en su encíclica Laborem Exercens, nos dice que el trabajo es un aspecto fundamental de la vida del hombre en la tierra, y el lugar donde se une con Dios en su obra de creación, y cumple con su primer mandamiento “someter a la tierra”

El mismo San Juan Pablo II, en su hermoso libro “Amor y Responsabilidad”, define lo que él llama la “norma personalista”, que establece que la única respuesta apropiada y adecuada hacia una persona es el amor. En el lado negativo, porque cada uno de nosotros somos creados a imagen y semejanza de Dios, ninguna persona puede ser vista simplemente como un objeto de uso, nunca.

El “mundo de los negocios” es simplemente un lugar donde estos dos conceptos se encuentran. Para mí, eso lo hace un lugar sagrado. Y a Dios le importa mucho lo que pasa ahí.

Cuando entramos a nuestro trabajo el lunes por la mañana, no dejamos nuestra norma personalista en la puerta. Somos personas creadas a imagen y semejanza de Dios, uniéndonos con otras personas creados a su imagen, para realizar algún trabajo aquí en la tierra. Y estamos llamados a eso como cristianos para amarnos unos a otros, haciendo nuestro mejor esfuerzo, y a través de eso, llevando a Cristo a nuestros lugares de trabajos.

Y necesitamos de su ayuda para hacerlo.

Si desechamos el “mundo de los negocios” como simplemente secular, nos arriesgamos a despedir a Dios de nuestras vidas durante las más de 40 horas que pasamos en el trabajo cada semana. Y, en la medida en que apliquemos estas ideas al lado “comercial” del ministerio, también corrompemos eso. Los líderes del ministerio me dijeron el tratar mal a sus empleados estaba justificado porque “tenemos que hacerlo funcionar como un negocio”.

Así no se trata ningún negocio, ni sagrado, ni secular.

C.S. Lewis escribió que “nunca has conocido a un simple mortal”. De la misma manera, creo que no has hecho nada que sea meramente “secular”. Estamos trabajando en nuestra salvación, cada minuto de cada hora de cada día. Eso incluye el tiempo en el trabajo.

En cualquiera que sea el trabajo que haces, el Dios que tiene contadas cada una de las hebras de tu cabello, quiere participar en ello. Quiere que reces -por tus compañeros de trabajo, por su seguridad, por tu misión. Y sí. Por el éxito de todos tus esfuerzos, si esa es su voluntad.

No te olvides de llevar a Dios a tu trabajo.