Celebridades premiarán talento juvenil en concurso de video

No son pocas las veces que escuchamos críticas contra algunos materiales o películas provenientes de Hollywood, pues traen consigo antivalores o ideas inmorales, así como ataques contra la fe.

Imagine+nation es el nombre de la iniciativa que busca dar respuesta a esta situación, de manera positiva. Se trata de un concurso de video, dirigido a jóvenes adultos -entre 18 y 30 años-, con capacidades para crear videos de alta calidad, que transmitan la verdad, la bondad y la belleza que se encuentran en Cristo y en la Iglesia. Los organizadores del concurso son FOCUS (Asociación de Estudiantes Universitarios Católicos) y el Dynamic Catholic Institute, instituciones ambas que buscan promover a jóvenes que pongan sus dones al servicio de la cultura de nuestro tiempo.

Tres celebridades serán las encargadas de seleccionar a los ganadores. El jurado está conformado por Steve McEveety, productor ejecutivo de la película “Braveheart” y “La Pasión de Cristo”; Matt Maher músico talentoso acreedor de varios premios, y Eduardo Verástegui, conocido actor mexicano, protagonista de “Bella”.

Las categorías para participar en el concurso son: video narrativo, documental, y artístico. Los videos deberán durar entre 2 a 8 minutos. El período para presentar el material al concurso es desde el 31 de diciembre hasta el 15 de marzo.

Los premiados recibirán 5,000, 3,000 y 2,000 dólares por el primer, segundo y tercer lugar respectivamente.

“Buenas historias tienen el poder de cambiar la vida de las personas por generaciones”, dijo Cliff Shiepe, asesor del concurso Imagine+nation.  “Buscamos promover nuevos talentos, y apoyar a jóvenes productores que aporten no sólo hoy, sino especialmente en adelante con las generaciones venideras”, agregó Shiepe.

“Si a alguien le gusta hacer videos, lo aliento a que visiten nuestra website y se inscriban”, concluyó el artista. Información e inscripciones en www.focus.org/imaginefordetails

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.