Carmen Hernández: Una apóstol de las periferias

Falleció el pasado 19 de julio una de las iniciadoras del Camino Neocatecumenal

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Por: Padre Giuseppe Fedele

Carmen Hernández ya se encuentra cerca de su gran amor, Jesucristo, por quien ha dado su vida.

Ella fue una de las iniciadoras del Camino Neocatecumenal. Murió en Madrid a los 85 años, después de una enfermedad que la había obligado a estar en reposo durante un año y medio.

Nunca paró de evangelizar. Carmen, junto a Kiko Arguello y el Padre Mario Pezzi, formaban el Equipo Responsable Internacional del Camino Neocatecumenal, que había dado la vuelta al mundo para anunciar el kerygma, que es la Buena Noticia, empezando por las periferias de Madrid donde Carmen y Kiko se trasladaron a finales de los años 70.

 

Su vida

Nació en Ólvega (Soria) en 1936. De muy pequeña se trasladó con su familia a Tudela (Navarra) donde pasó la mayor parte de su infancia y juventud. Carmen asistió a una escuela jesuita, allí recibió el espíritu misionero, una huella que la caracterizó toda su vida. Sin embargo, por deseo de su padre, comenzó los estudios de química en la Universidad de Madrid y, después de la licenciatura y trabajó por un período en la industria de la familia. Pero pronto dejó esto para encontrar su vocación misionera. Con 15 años, Carmen expresó su deseo de ir a la India, lo que creó no pocos inconvenientes en su familia. El propósito se concretó algunos años más tarde. Cuando era mayor de edad se retiró durante ocho años en el Instituto Misioneras de Cristo Jesús en Barcelona.

Carmen se encontró con estudiosos como Mons. Pedro Farnés Scherer, profesor del Instituto Litúrgico de París, quien supo orientarla mediante una profunda renovación conciliar, un redescubrimiento de la Eucaristía, la centralidad de Pascua, la importancia de la catequesis y la necesidad de una iniciación cristiana en las parroquias.  Ella tuvo que ir a las raíces del cristianismo. En muchas ocasiones esto significaba volver al pueblo judío. Por ello pasó dos años en Israel, con la Escritura en la mano y en profunda oración.

Con ese bagaje, regresó a Madrid.  Eran los años 60 y mientras los jóvenes de su edad soñaban con la revolución, en ella ardía el espíritu por evangelizar. En esa época estudiaba teología e intensificaba su compromiso religioso pero decidió permanecer en el estado laical. Para mantenerse económicamente trabajaba en una fábrica en el área de limpieza.

En esos mismos años, cuando en la Iglesia soplaba el Espíritu del Concilio Vaticano II, a través de su hermana Pilar, que en aquel entonces servía como voluntaria en una asociación de rehabilitación de prostitutas, Carmen conoció en el barrio de Palomeras Altas de Madrid a Kiko Argüello. Él era un hombre joven, de buena familia, pintor, que renunció a una buena carrera y quiso tener una experiencia de Jesucristo en medio de los pobres, pues es allí donde Cristo vive. Carmen, que también estaba buscando una experiencia más auténtica de la vida cristiana, se fue a vivir a una casa cerca de la de Kiko en el suburbio de Palomeras Altas.

Y fue aquí donde se fascinó viviendo entre estos pobres, gitanos, ex prostitutas, personas con discapacidad, pues se estaba formando una comunidad cristiana, tan radical, tan simple y sincera, tan pobre y que a su vez evangelizaba. Aquí la evangelización deja de ser solo un plan pastoral para ser puesto en práctica. En diálogo con esos pobres fue naciendo poco a poco una nueva síntesis teológico-catequética que no solo afecta a la vida de la gente, sino que la transforma poco a poco: se puede ver en medio de estas personas, destruidas por su historia, por sus pecados y por las adversidades, la comunión, el perdón, el amor, la unión, llevando así a la conversión que los invitaba a volver al Padre y a la Iglesia.

Al momento de dar una catequesis Carmen era simple y profunda, con un gran amor al Papa, al depósito de la fe que reguarda la Iglesia y sobre todo un gran amor a Jesuscristo. Carmen estaba convencida de que el anuncio del amor de Dios a todos los hombres tenía la fuerza de cambiar las vidas de las personas, de darles una nueva sustancia, y de hacer en ellos una nueva creación.  Gracias a un conjunto de catequesis que a través de estos años han acercado a millones de personas a la Iglesia, ha surgido una nueva realidad eclesial, una iniciación cristiana llamada Camino Neocatecumenal, el cual, San Juan Pablo II destacaba como una realidad fruto de la renovación del Concilio, válida para las sociedades y tiempos de hoy.

En 2015 la Catholic University of America (CUA) confirió a Carmen Hérnández el doctorado Honoris Causa en Teología. La distinción subraya su “contribución fundamental a la formación de la síntesis teológico-catequética del Camino: sin su conocimiento existencial y profundo de la Escritura, de la renovación del Concilio Vaticano II y de la historia de la Iglesia, no se habría podido crear este itinerario de iniciación cristiana”.

Una de sus principales herencias espirituales que deja Carmen es el amor hacia la Vigilia Pascual: “Ella ha estudiado toda la reforma litúrgica del Concilio y ha dado este conocimiento al Camino”, dijo en una ocasión Kiko Argüello, quien también recuerda a Carmen como alguien que siempre defendió el rol de la mujer en la Iglesia y en la sociedad. Ella invitaba a las mujeres a seguir la vocación religiosa, a entrar a los monasterios de clausura. Hoy ya son más de 4 mil jóvenes del Camino que han seguido esta inspiración.

“Carmen, ¡qué enorme ayuda para el Camino”, dijo Kiko Argüello al comunicar su muerte. “¡Qué mujer fuerte!… Nunca he conocido a nadie como ella. Espero morir pronto y reunirme con ella”.

*El Padre Fedele es el responsable del Camino Neocatecumenal en Colorado.

 

Próximamente: Monseñor Rodríguez habla sobre su primer año como obispo

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En entrevista con Denver Catholic en Español el obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez habla sobre su primer año en el episcopado, sobre las nuevas tareas que ha debido asumir y sobre las reflexiones que le surgen en estos primeros doce meses.

 ¿Cuáles han sido los momentos más destacados en este primer año como obispo?

La ceremonia de ordenación el 4 de noviembre del año pasado, mi visita como obispo a mi diócesis de origen y la celebración con mi familia. También el encuentro con el Papa Francisco el pasado 14 de septiembre.

¿Cómo ha sido para usted esta experiencia de transición de ser párroco de Holy Cross a obispo auxiliar de Denver?

No fue fácil. Como sacerdote uno tiene necesidad de su familia parroquial. Tuve que dejarla y con ella dejar los planes y sueños en que veníamos trabajando. Como obispo el ritmo de trabajo es más intenso que el que tenía en la parroquia, pero muy diverso.

Recientemente fue también nombrado Vicario para el Clero ¿cómo es su experiencia de acompañar a los sacerdotes de la arquidiócesis?

Descubrí que la oficina del Vicario para el Clero incluye mucho trabajo de administración. Mi reto es no dejarme absorber por ella, sino estar disponible y en contacto frecuente con mis hermanos sacerdotes. Gracias a Dios, siempre he tenido mucho aprecio por mis hermanos sacerdotes y me da mucho gusto estar en su compañía. Mi nueva posición me da la oportunidad de transformar la amistad con ellos en servicio y apoyo. Ojalá que ellos también sientan que cuentan conmigo, más como hermano que como un burócrata encargado de supervisarlos. Los sacerdotes, junto con nuestro Arzobispo y nuestros hermanos diáconos, formamos una unidad. Quiera Dios que esta unidad que viene y fue querida por nuestro Señor Jesucristo, pase también por el corazón y la fraternidad.

¿Cómo ve la comunidad hispana en esta arquidiócesis? ¿Qué fortalezas y cuáles aspectos por mejorar?

La veo como un regalo providencial de Dios, como una infusión de vida, de fe, de tradiciones y de alegría en nuestra Iglesia Católica. Los católicos hispanos traen una fuerte devoción a la Eucaristía, a la Virgen María, al Santo Padre. Tienen mucho aprecio por sus sacerdotes y llenan de actividad las comunidades, por medio de los grupos de oración y los movimientos apostólicos.

Pero la comunidad hispana viene a insertarse en la Iglesia Católica que vive en los Estados Unidos y que tiene también su propia belleza y dones. Esto significa que hay que aprender a adaptarse a sus modos organizativos y a su empeño personal y económico con la parroquia. Al venir a los Estados Unidos, los hermanos hispanos se encuentran en un medio diverso, donde la mayoría pertenece a una grande variedad de iglesias protestantes. Por ello es importante que se eduquen en la fe, que conozcan su fe católica para que puedan responder a sus cuestiones y retos. Nuestra comunidad hispana tiene un corazón católico grande, pero necesita crecer en su conocimiento de la fe.

Las estadísticas dicen que solo el 3% de los seminaristas de Estados Unidos son hispanos ¿Cómo incentivar la pastoral vocacional en esta comunidad?

Nos conviene hacer un plan. El plan debe partir de las familias porque está comprobado que las vocaciones sacerdotales suelen venir de familias católicas sólidas y practicantes. Las vocaciones nacen más naturalmente de familias que rezan unidas, que asisten juntos a la Santa Misa los domingos; familias honestas donde se vive la fe y el amor.

Pero también hace falta una pastoral vocacional hecha de oración por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada; de un programa de retiros, charlas y actividades en las que se presente a los jovencitos y chicas la belleza de consagrar la vida a Dios y al servicio de los hermanos; actividades de servicio a los más necesitados y a los que sufren, donde los jóvenes sientan la alegría del dar y que se ensanchen sus corazones para la donación total. El plan también debería incluir una participación más directa de los párrocos, que son los primeros en descubrir signos de vocación en los jóvenes.

En la vida de hoy se hace más difícil escuchar la llamada de Dios. El ruido del mundo impide que nuestros jóvenes oigan ese susurro en su corazón. Creo que parte del plan sería también encontrar medios para proteger a los jóvenes de la superficialidad y  el egoísmo del mundo, y abrirlos a la vida de oración, a la vida interior y a la apertura al llamado de Dios.

Los inmigrantes afrontan hoy muchos desafíos con el nuevo gobierno y el anuncio de la cancelación del DACA. ¿Qué mensaje podemos darles?

El mensaje de la esperanza. No está dicha la última palabra. Los gobiernos pasan, cambian, rechazan leyes, hacen leyes nuevas, las modifican. Dios es el Señor de la historia y del mundo. Su Palabra nos invita a poner toda la confianza en Él. ¿No nos dijo Jesús que valemos mucho más que los pajarillos y los lirios, que Dios cuida con tanto afecto y atención? ¿Y que no cae la hoja del árbol sin que Dios lo sepa? La vida sigue adelante y nunca hay que renunciar a los sueños. Siempre hay que ser un dreamer en la vida.

¿Qué frutos puede traer el V Encuentro a la pastoral hispana de Estados Unidos?

Creo que el V Encuentro tendrá un primer gran fruto en los que lo están caminando porque cada uno de ellos descubrirá al final del camino, que ahora posee un alma misionera, que está encendida por el amor de Dios. Estos líderes misioneros llevarán el fuego del V Encuentro a sus comunidades. Esto podría convertirse en un gran incendio del fuego del Espíritu, capaz de transformar la Iglesia Católica en los Estados Unidos, pasando de ser una Iglesia encerrada en sí misma a ser una Iglesia misionera.

Otro fruto creo que será darnos cuenta de la fuerza transformante que los jóvenes hispanos poseen en nuestra Iglesia. Ellos tomarán conciencia de su grande protagonismo, y los adultos nos daremos cuenta de la vida y futuro que los jóvenes representan para todos.

Usted estuvo recientemente en Roma en una reunión de nuevos obispos con el Santo Padre ¿Cómo fue esta experiencia? ¿Cuál fue el mensaje del Papa a quienes comienzan en el ministerio episcopal?

Siempre estar en la presencia del Santo Padre te da una emoción especial. Sabemos que es un hombre, pero al mismo tiempo como que nos hace sentir a Jesús, y nos hacer sentir Iglesia. Es un hombre sencillo en sí mismo, sin pretensiones y cercano. Cuando te saluda te mira a los ojos y hace ese momento fugaz muy personal. Cuando lo tuve enfrente aproveché para agradecerle su apoyo a los inmigrantes en los Estados Unidos.

Su mensaje a los nuevos Obispos fue de apertura al Espíritu Santo, que es quien guía a la Iglesia; apertura a nuevos modos, nuevas ideas, nuevas estrategias, evitando la rigidez y cerrazón en esquemas pasados que ya no corresponden a la realidad.