Buenas noticias para familias que están buscando una educación católica

El costo de la matrícula se ajustará al presupuesto de cada familia

Karna Lozoya

El superintendente de escuelas católicas Elías Moo tiene buenas noticias para las familias que quieran enviar a sus hijos a escuelas católicas pero creen que no tienen una opción financiera viable.

Esta semana Moo anunció un programa de matrícula variable para las escuelas católicas de la Arquidiócesis que busca ajustar el precio de la matrícula a la realidad económica de cada familia. El programa será implementado en el próximo otoño en un grupo selecto de escuelas arquidiocesanas.

Moo explica en un video cómo esta matrícula se hace variable y recuerda cómo Jesús le dijo a sus discípulos “Pedid y se os dará, buscar y hallaréis, llamad y se os abrirá”. “Has buscado una educación católica para tus hijos y estás tocando las puertas de nuestras escuelas”, dice. “Nuestras escuelas trabajarán para ti… para asegurar que las puertas de la educación católica estén abiertas”.

 

Dignas del nombre

El programa de matrícula variable es un aspecto de una visión más amplia de las escuelas católicas que tiene sus raíces en un simposio realizado en el año 2015 y dirigido por el arzobispo Samuel Aquila, el cual reunió a más de 200 profesores, rectores, párrocos y líderes arquidiocesanos para discutir las maneras de superar los desafíos que enfrentan las escuelas católicas.

Los frutos del simposio estuvieron articulados en dos documentos de visión titulados “Dignas del nombre” (2016) y “Dignas de inversión (2017).

Dignas del nombre describen cuatro áreas de trabajo: “En misión”, “Excelente en todo sentido”, “Accesible a todos” y “sostenible para el futuro”.

Trabajando en el último documento “Dignas de inversión” reiteramos que “no es suficiente para las escuelas católicas de la Arquidiócesis de Denver el simple hecho de permanecer abiertas. Nuestras escuelas deben continuar siendo comunidades vibrantes en los aspectos académico, social y espiritual”.

Además, el documento indica que las escuelas católicas “deben ser sostenibles para el futuro y asegurar la presencia de una educación católica a las familias del norte de Colorado para las generaciones venideras”.

La implementación del programa de matrícula variable comenzará este otoño en cerca de un tercio de las escuelas arquidiocesanas de educación básica. Eventualmente, Moo tiene la intención de que todas las escuelas participen en este programa.

“Estamos en una importante coyuntura en la historia de la educación católica en nuestra arquidiócesis”, dice Moo. “Queremos que nuestras escuelas continúen su labor por muchos años más, pero para hacer esto tenemos que trabajar juntos para fortalecer nuestro sistema y servir mejor a nuestras familias”.

“Una de las principales maneras en que fortaleceremos nuestro sistema educativo”, prosigue Moo, “es haciendo una educación católica transformadora esté más asequible a las familias”.

 

Matrícula ajustada

De acuerdo con Moo la oficina de escuelas católicas se asociará con Seeds of Hope (Semillas de esperanza n.d.t) y otras escuelas individuales para calcular cuánto debe pagar cada familia, basados en información financiera que proveen las familias.

“Las escuelas también tendrán en cuenta los niveles de otras matrículas y otros ajustes para determinar el monto que deben pagar todos sus hijos”, dice.

Moo asegura que se trata de una práctica común a todas las escuelas pero que se debe analizar caso por caso. “Mientras que el programa hace esta práctica uniforme, esta permitirá todavía que cada escuela continúe su nivel local de control para determinar qué es lo mejor para sus familias. Esto beneficiará a fin de cuentas todas las escuelas y familias”.

La meta final, dice, es “abrir nuestras puertas a ustedes y a sus familias para proveer una matrícula que se ajuste a su realidad”.

Para saber más vaya a la página web http://denvercatholicschools.com/colegiatura/ También comuníquese con Carlos Hernández al (720) 456-5422 o escriba a carlos.hernandez@archden.org

Próximamente: “Bautiza a tu hijo”, insistió su amiga. Hoy él es sacerdote.

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Foto de Andrew Wright. De izquierda a derecha Angela Brown, el padre Angel y María Delfin.

Ángela y María eran dos grandes amigas cuando estudiaban en la escuela Estudios Espaillat de Santo Domingo, República Dominicana. Cuando cursaban 6 y 7 octavo respectivamente quisieron hacerse una promesa mutua, algo así como un pacto de amistad: “cuando tenga mi primer hijo, tú serás la madrina”.

En la foto se ven Ángela sosteniendo a su hijo Ángel el día de su Bautizo.

Pasaron los años, se graduaron de secundaria, cada una tomó su rumbo y María pasaba la mayor parte del tiempo en los Estados Unidos. Era 1987 y Ángela esperaba su primer hijo. María se enteró del embarazo de Ángela y no olvidó su promesa. “¿Cuándo será el Bautizo?”, le preguntó. La pregunta tomó por sorpresa a Ángela. No tenía entre sus planes bautizarlo. Ni siquiera ella había recibido este sacramento. “Cuando pensé que María podía ser la madrina de mi hijo, lo veía más como un compromiso social”, confesó Ángela a Denver Catholic en español. Sin embargo, tras la insistencia de su amiga, esta mujer decidió bautizar a su hijo cuando tenía 17 días de nacido.

María regresó a los Estados Unidos y no volvió a saber nada de Ángela ni de su ahijado. Meses después se mudó definitivamente a este país.

Una vocación que floreció

Ángel creció alejado de la Iglesia pero aún así se veía en él un espíritu solidario y abnegado. “Cuando él tenía entre 3 y 5 años, noté que poseía una bondad poco usual a esa edad”, confiesa su madre.  “Le encantaba compartir sus juguetes con otros niños, no para él jugar, sino para que ellos jugaran”.

Cuando Ángel tenía 14 años un grupo de misioneros tocó la puerta de su casa. Querían invitarle a él y a su familia a una catequesis del Camino Neocatecumenal. Así, tanto él como su madre comenzaron un itinerario de fe. Ángela fue bautizada después y se casó por la Iglesia.

En 2008, el joven participó en una peregrinación a Nicaragua y allí sintió que Dios lo llamaba a ser sacerdote. Le asignaron el seminario Redemptoris Mater de Denver como su lugar de formación. Llegó en enero de 2011, luego de haber estudiado dos años en el seminario de su ciudad natal.

“El buen Dios, que ya lo había elegido, puso a María en mi vida para que con urgencia él recibiera el primer sacramento de iniciación cristiana”, reconoce la madre del hoy padre Ángel.

Y retomaron el contacto

María, su madrina, hasta el momento desconocía el paradero de Ángel. “No viajaba con frecuencia a Santo Domingo. Hace dos años estuve allí y fui a visitar a la madre de Ángela pero justo había salido. La esperé un rato pero no regresó. No tenía cómo retomar el contacto”, comparte.

Y cuando Ángel ya estaba terminando sus estudios en el seminario su madre se propuso buscar a María a través de las redes sociales hasta que la encontró. Meses antes de la ordenación sacerdotal Ángela le comunicó a María un deseo que su hijo tenía: “Él quiere que tú estés presente cuando reciba el sacramento del orden”. María se sintió un poco avergonzada, pues no lo acompañó como madrina durante todos estos años. Aún así decidió viajar con su esposo Julio desde Orlando – Florida, donde residen actualmente. “La noche anterior no dormí bien, estaba muy emocionada y nerviosa. La última vez que lo vi fue el día de su Bautizo, hace 31 años”, confiesa.

El día antes de su ordenación, ella llegó con su esposo al seminario Redemtporis Mater, “entré al comedor y ahí lo vi, junto con varios seminaristas, le dije: ‘Soy tu madrina’ y él me abrazó”, comparte María mientras dejaba escapar un par de lágrimas.

El padre Angel Miguel Pérez-Brown se ordenó el pasado 19 de mayo en la catedral- basílica Immaculate Conception de Denver, Colorado junto con otros cuatro nuevos sacerdotes.  “No recuerdo haberme sentido tan feliz como hoy”, dijo María horas después de la ceremonia.

“Él pensaba ser ingeniero”, recuerda su madre. “Si yo hubiera asistido a su graduación me sentiría muy complacida pero me complace doblemente verlo como sacerdote porque su misión es salvar almas y hacer que las personas intenten ganar el cielo”.

El nuevo sacerdote asegura que su madrina “ayudó a plantar esta semilla” por eso él quiso “que ella fuera testigo de los frutos que ha dado”. “Si ella no hubiese influenciado a mi madre quien sabe dónde estaría hoy”, confiesa.

Al despedirse de María cuando se marchó de regreso a Orlando, el padre Angel le dijo: “Ya tuviste como madrina 31 años de vacaciones. Ahora por favor acompáñame rezando por mí, porque solo con la oración podré ser un sacerdote fiel”.