Arzobispo de Denver celebró a Nuestra Señora de Guadalupe

En la mañana del domingo 8 de diciembre, ante una iglesia repleta de fieles, el Arzobispo de Denver, Mons. Samuel J. Aquila celebró la Santa Misa del segundo domingo de Adviento en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en Denver. Con esta Eucaristía, dio inició a las celebraciones en honor a la Morenita, que se celebrará el 12 de diciembre.

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Al iniciar la celebración, el Arzobispo expresó su alegría por compartir esos momentos con la comunidad hispana, a quien lo une de maneraweb_MG_0739 especial el amor a Santa María de Guadalupe. “Como todos ustedes saben, yo tengo un amor y devoción especial a la Virgen de Guadalupe y por eso me alegra estar aquí. Sobre todo porque en este tiempo de Adviento, Ella quiere que nos acerquemos a Jesús”.

El Arzobispo alentó a todos los presentes a crecer en la intimidad y amistad con Jesús. Y para ello, instó a los fieles a recurrir al sacramento de la Reconciliación, especialmente durante el tiempo de Adviento. De esa manera, dijo el Arzobispo, preparamos nuestro corazón para la llegada de Jesús en Navidad. “No tengan  miedo, no teman recurrir a este Sacramento de misericordia y salvación. Si hace años no te confiesas, no importa. Anda y reconcíliate con Dios”, dijo el Arzobispo.

Como muestra de apreció y gratitud, el párroco P. Benito Hernández, entregó al Arzobispo a nombre de los parroquianos de Nuestra Señora de Guadalupe, distintos regalos: Frutas y dulces de México, así como una hermosa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, entre otros detalles.

photo (5)Inmediatamente después de la Eucaristía, el Arzobispo Aquila, presidió la tradicional procesión de la Morenita, por las calles aledañas a la parroquia. A pesar del frío con 9 grados farenheit, Mons. Aquila caminó varias cuadras, acompañado del P. Benito Hernández, otros sacerdotes de la diócesis y más de 300 fieles. Todos ellos siguieron la Cruz y la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.

“¡Cómo no voy a acompañar a la Virgencita!”, dijo el señor Guadalupe Martínez, miembro de la parroquia desde hace 6 años. “Es una bendición muy grande celebrar esta fiesta, se me mueve el corazón porque la Virgen me ha salvado, me ha apaciguado, yo he hecho mucho mal en mi vida. Sin embargo la Lupita me sacó de esa mala vida”, dijo conmovido. “Doy gracias por todo ello, saliendo a las calles para proclamar la grandeza de nuestra Virgencita”, concluyó el parroquiano.

Por su parte, Teresa Ríos, también parroquiana desde hace muchos años, expresó su alegría por tener al Arzobispo en su parroquia. “Pese a la inclemencia del clima, nuestro Arzobispo está con su pueblo. Haga frío o calor, él está ahí”, compartió con entusiasmo Teresa. “Y eso me recuerda a las palabras del nuestro Santo Padre que ha dicho que los pastores necesitan estar con sus ovejas; que tienen que oler a oveja. Nuestro Arzobispo está dándonos ese testimonio hoy”, agregó Teresa agradecida.

Durante todo el recorrido de la procesión, diversos grupos de Matachines (bailarines mexicanos), danzaron para la Virgen a pesar del frío. web_MG_0717

A mitad de camino, la procesión se detuvo ante el Monasterio Nuestra Señora de la Luz, fundado por las hermanas Clarisas Capuchinas hace 25 años. El Arzobispo les dio la bendición por su valioso aporte a la comunidad y continuó el recorrido. “Es una bendición que el Arzobispo haya venido y nos haya dado su bendición”, dijo la superiora del Monasterio, Hna. Teresa.

Patricia Tejeda, quien pertenece al grupo de la Misericordia de la parroquia dijo: “Es muy especial caminar con la Virgen, porque es una manera de demostrar mi fe. No importa cuánto frío hace, no importa cuánto nos estamos congelando y llevando los pies fríos, porque esto es por amor a ella. Ese mismo amor que Ella nos tiene a nosotros y que de alguna manera  nosotros le tratamos de demostrar caminando con Ella a sus pies”.

Finalmente, llegaron a la parroquia, y todos los presentes recibieron la bendición final de su pastor, el Arzobispo Aquila.

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.