Arzobispo a los nuevos sacerdotes “Jesús les dice hoy: ‘¿Me amas?'”

Carmen Elena Villa

Durante su homilía el Arzobispo Samuel Aquila le dijo a los cinco nuevos sacerdotes que Jesús en este día les vuelve a preguntar: “¿Me amas?” El prelado se refirió así al Evangelio en el cual Jesús resucitado pregunta tres veces a Pedro si lo ama, como reparación de las tres veces que él lo negó antes de ser crucificado.

Fotos de Andrew Wright

Las ordenaciones sacerdotales tuvieron lugar el pasado 19 de mayo en la Catedral Basílica Immaculate Conception de Denver. Los cinco nuevos sacerdotes son Angel Perez-Brown y Roberto Rodríguez, nacidos en República Dominicana, Tomislav Tomic de Bosnia y Herzegovina. Estos tres recibieron su formación en el seminario Redemptoris Mater de Denver mientras que Darrick Leier y Shannon Thurman vienen del seminario St. John XXIII en Boston, el cual brinda formación a aquellos seminaristas que descubren su vocación a una edad avanzada. Curiosamente ninguno de los nuevos sacerdotes proviene del seminario Saint John Vianney y el promedio de edad es de 41 años.

 

Formación del corazón

El Arzobispo destacó la importancia de la formación intelectual y les indicó que esta debe ir de la mano con “la formación del corazón y la formación espiritual”y les exhortó que tuvieran como modelo a San Juan María Vianney, patrono de los sacerdotes, quien, aunque no poseía grandes dotes intelectuales, fue un “hombre humilde” cuyo único deseo fue “la salvación de las almas”.

El Arzobispo Aquila con el padre Roberto Rodríguez.

Asimismo les exhortó, parafraseando al Papa Francisco, a “ir a las periferias… de las vidas de muchas personas que han abandonado a Jesucristo, de aquellos que no conocen la Buena Noticia, incluso dentro de sus familias y amigos”.

Más adelante les recordó que su ministerio no consiste en anunciarse a ellos mismos: “somos llamados a servir a Jesús y servir a la Iglesia y a dar nuestras vidas como Jesús dio su vida y a ir donde estemos llamados a servir a Cristo” y les señaló a que la imagen de Jesús, el Buen Pastor “debe ser su modelo y es el modelo del sacerdocio”.

Y como ejemplo de amor y perseverancia el Arzobispo les invitó a mirar a aquellas parejas de esposos que tienen 50 o 60 años de casados: “Es el mismo tipo de amor el que les permitirá apacentar sus ovejas y servir como Cristo sirvió”, les dijo.

Luego les reiteró que cada vez que celebren misa “es el mismo sacrificio que Cristo ofreció en la cruz”, y es allí donde se encuentra “la alegría del Evangelio”.

Centenares de fieles se congregaron en la Catedral para ser testigos de estas ordenaciones. La diversidad cultural fue señal de la universalidad de la Iglesia. Había una gran delegación venida de Santo Domingo y varios familiares que viajaron desde Bosnia y Herzegovina, además de centenares de personas locales que acompañaron a estos cinco nuevos sacerdotes a quienes el Arzobispo les dijo, una vez más citando al Papa Francisco, que sean pastores “con olor a oveja”, para que puedan “acompañarlas, compartir con ellas, salir con ellas y siempre usando a Jesús como modelo”.

 

 

 

Próximamente: La oración es la mejor arma

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¿Sabías que diariamente cada uno de nosotros ve centenares – si no son miles – de avisos publicitarios? De hecho, el censo entre los investigadores de marketing dice que es posible que se vean o escuchen hasta 4 mil por día.

Estamos bombardeados de mensajes y al mismo tiempo nos consuelan las palabras de San Pablo en su carta a los tesalonicenses: “Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (I Tes 5. 16 – 18).

Esta columna es la tercera y final de una serie de artículos que he escrito sobre la Exhortación Apostólica del Papa Gaudete et Exsultate, Regocijaos y alegraos, (las otras dos columnas se han publicado en nuestra página web n.d.t) la cual tiene como objetivo inspirar a todas las personas a la santidad. Como expliqué en mi columna anterior esta semana estaré reflexionando sobre la sección “En oración constante” y “Combate, vigilancia y discernimiento”. He escogido focalizarme específicamente en estas secciones porque ellas nos indican cómo los cristianos debemos interactuar y ver el mundo en el cual vivimos.

Y las preguntas sobre nuestra cosmovisión son especialmente importantes ya que la verdad se vuelve más difícil de descubrir con la avalancha de información que experimentamos.

El Papa Francisco dedica la última sección de su capítulo sobre la santidad al tema “En oración constante”, como la exhortación que hace San Pablo de orar continuamente. Esto suena imposible, y lo sería si tuviéramos que confiar solo en nuestras fuerzas o en nuestra capacidad de concentración. Pero sabemos que “para Dios todo es posible” (Mt. 19, 26).  Este reto es tan importante que el Papa Francisco dice: “No creo en la santidad sin oración” (GE 147).

La batalla que cada uno de nosotros enfrenta cada día y cada minuto está entre las realidades inmediatas que nos rodean en este mundo y las realidades sobrenaurales que se encuentran de manera simultánea en el trabajo. Tendemos a concentrarnos en lo que podemos ver y olvidamos aquello que no podemos ver. El Papa Francisco escribe. “El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo, y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor” (GE 147).

Estar en oración continua no quiere decir recitar plegarias en todo momento o esperar siempre emociones intensas. Significa más bien permanecer en presencia de Dios en todo lo que hagamos.  Hacemos de Dios el final de cada acción, pensamiento o palabra. El Santo Padre cita a San Juan de la Cruz para describir esta manera de vivir. “Procure ser continuo en la oración, y en medio de los ejercicios corporales no la deje. Sea que coma, beba, hable con otros, o haga cualquier cosa, siempre ande deseando a Dios y apegando a Él su corazón” (GE 148).

El secreto de permanecer conectados con Dios en todo momento está en la relación con la Santa Trinidad.  Cuando sepas en tu corazón que tu identidad más fundamental es la de hijo de Dios Padre, serás capaz de pasar tiempo en silencio, descansando en la presencia del Espíritu Santo y escuchando atentamente su palabra. “En ese silencio es posible discernir, a la luz del Espíritu, los caminos de santidad que el Señor nos propone”, dice el Papa Francisco (GE 150).

El tiempo que empleamos encontrando a cada persona de la Santa Trinidad es lo que inflama nuestros corazones y nos cura. Nos permite profundizar en la realidad y aviva nuestra experiencia. El Papa se inspira en una hermosa experiencia de Santa Teresita de Lisieux para describir cómo una comunidad puede ser transformada.

“Una tarde de invierno estaba yo cumpliendo, como de costumbre, mi dulce tarea”, cuenta Santa Teresita. “De pronto, oí a lo lejos el sonido armonioso de un instrumento musical. Entonces me imaginé un salón muy bien iluminado, todo resplandeciente de ricos dorados; y en él, señoritas elegantemente vestidas, prodigándose mutuamente cumplidos y cortesías mundanas. Luego posé la mirada en la pobre enferma, a quien sostenía. En lugar de una melodía, escuchaba de vez en cuando sus gemidos lastimeros (…). No puedo expresar lo que pasó por mi alma. Lo único que sé es que el Señor la iluminó con los rayos de la verdad, los cuales sobrepasaban de tal modo el brillo tenebroso de las fiestas de la tierra, que no podía creer en mi felicidad” (GE 145).

El Santo Padre también reconoce que hay una batalla constante librada por el diablo para alejarnos de la vida centrada en Dios. Al principio del capítulo cinco, refiriéndose al combate espiritual, el Papa Francisco marca un punto en el que dice que cuando hablamos de la batalla con el mal, la Iglesia no solo está hablando de enfrentar una mentalidad mundana o esforzarse por superar las debilidades humanas (cf GE 158 – 159). Satanás es real; él es “un ser personal que nos acosa” (GE 160).  Esto se demuestra, dice el Papa, con el poder destructivo del maligno en el mundo que nos rodea.

Al mismo tiempo, no tenemos por qué sentirnos intimidados por esta batalla, sepamos que Jesús en la cruz venció el pecado, a la muerte y a Satanás. “Nadie resiste si opta por quedarse en un punto muerto, si se conforma con poco, si deja de soñar con ofrecerle al Señor una entrega más bella”, (GE, 163). La clave está en participar de esta lucha dependiendo de Jesús, cultivando todo aquello que es bueno, verdadero y hermoso, profundizando en nuestra vida de oración y creciendo en el amor.

Y mientras que comenzamos este tiempo de verano, oro para que tú puedas fortalecerte con la armadura de la oración constante, para que, tanto tú como las personas sobre las cuales tienes influencia se acerquen más a Jesucristo. Te invito a que crezcas en tu devoción y atención a la Eucaristía, a que reces el Rosario en familia. Que las palabras del Papa Francisco en la Evangelii Gaudium te inspiren a aceptar este desafío: “El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal” (EG 85).