Alepo visto por Sor Guadalupe

Después de 12 años de vivir en Egipto, la religiosa argentina María Guadalupe Rodrigo, del Instituto del Verbo Encarnado, fue designada a un nuevo lugar para tener un tiempo de descanso y recogimiento. Por ello fue trasladada nada menos que a ¡Alepo!

Era enero de 2011 y el panorama de la segunda ciudad más importante de Siria era muy diferente (podríamos decir opuesto) al que se vive en la actualidad. Una ciudad próspera, estable económicamente, conocida como el corazón financiero de Siria, con recursos para autoabastecerse, sin deuda externa. Una ciudad milenaria, pintoresca, rica en cultura en la que cristianos y musulmanes convivían pacíficamente.

Pero en marzo de 2011 estalló un conflicto, fruto de una “guerra programada en un escritorio”, según dice esta religiosa, que hasta hoy ha dejado un saldo de unas 270 mil personas muertas y ha provocado que más de 4,5 millones de personas huyan del país, en uno de los mayores éxodos en la historia reciente.

Esta religiosa, en lugar de pedir traslado a un sitio más seguro, decidió quedarse allí para ayudar a las personas (sin distinción de credo) que hoy viven en medio de los bombardeos y los misiles, aún a sabiendas de que la próxima víctima podría ser ella. Ha viajado a varios países de habla hispana para ofrecer conferencias y contar en primera persona lo que viven sus seres queridos.

Sus charlas cuentan lo que muchos medios de comunicación omiten o distorsionan, ya sea porque no tienen un corresponsal en el lugar de los hechos o porque leen la realidad con una visión occidentalizada. Los videos de esta hermana se han hecho virales en las redes sociales.

La religiosa compara la situación que vive Siria con los atentados ocurridos en París en noviembre de 2015, en los que murieron 137 personas y dice, sin exagerar, que así se vive en Alepo todos los días.

Allí la electricidad dura una o dos horas por día y tienen servicio de agua cada diez días. Allí los proyectiles son tan frecuentes como la lluvia y los niños “intercambian balas como si fueran figuritas”. Niños enterrados vivos, cristianos crucificados, ciudadanos a quienes les desaparecen un ser querido y se van a la morgue a buscar si están allí, entre miles de N.N, teniendo que abrir bolsa por bolsa para ver si lo encuentran. Ese es, desde hace seis años, el día a día en Alepo.

El testimonio de la hermana María Guadalupe nos permite ver con otros ojos lo que pasa en este lugar del planeta y se convierte en un llamado a que vivamos con ellos la solidaridad espiritual y material. Allí los cristianos viven en carne propia las enseñanzas del Evangelio de dar la vida por los hermanos y de tener la mirada puesta en el cielo, algo que les permite seguir estando alegres en medio de este panorama de desolación y muerte.

Allí la frase que dice “vive cada día como si fuera el último”, ha dejado de ser un cliché. “El contacto permanente con la muerte da sentido a su vida”, dice, y refiriéndose a los cristianos en Siria, la hermana comenta “(Ellos) quieren ganarse la vida eterna, viven sin amontonar. Saben que les pueden quitar todo, pero el cielo no se lo arrebatarán”.

Para ver una de sus conferencias haga click aquí https://www.youtube.com/watch?v=dPBf7UlUcXQ

Para ver la entrevista completa en el programa “Nuestra fe en vivo” haga click aquí https://www.youtube.com/watch?v=iBMDEmhx_EY&t=154s

 

 

 

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.