África celebra la fe

Escritor Invitado

Por Roxanne King:

El arzobispo Samuel Aquila fue testigo de las maravillas naturales la África subsahariana y de la belleza de su gente y su cultura, cuando visitó la iglesia Christ the King en Tanzania, la parroquia hermana de Immaculate Heart of Mary en Northglenn. El padre James Spahn, párroco de esta última, fue su guía.

El arzobispo Aquila, habló recientemente con el Denver Catholic acerca de su viaje, al que describió como un “encuentro íntimo con la fe llena de alegría que se puede encontrar en África”.

La entrevista ha sido editada para concisión y claridad.

P: ¿Qué hicieron en Tanzania?

R: Visitamos la parroquia Christ the King y dedicamos un nuevo edificio administrativo y una librería para una escuela secundaria que la parroquia [Immaculate Heart of Mary] ayudó a construir. Además, visitamos la diócesis de Geita para ver al obispo [Flavian] Kassala. Luego visitamos un orfanato, los alrededores y un hospital.

P: ¿Qué fue lo que más le impresionó del viaje?

R: La intensidad de la fe de la gente. Muchos de ellos caminan una hora o dos para llegar a Misa. A menudo, las Misas duraban entre dos a cuatro horas, con los cantos, la música y las procesiones de ofertorio.

Cada persona se acercaba y dejaba algo en la canasta de la colecta. Y había un segundo ofertorio, donde las personas dejaban ofrendas de sus hogares o de su granja: un pollo o una cabra, o bolsas de cemento, o caña de azúcar; una pequeña bolsa de frijoles, algo. No todos lo hacían, pero había por lo menos cien personas que sí.

Había gente que lo distribuía. Algunos de los alimentos recolectados iríam al orfanato para alimentar a los niños. El cemento podría ir a un proyecto, alguna escuela o parroquia. Fue una experiencia fantástica.

P: Cuénteme del estilo de vida de la gente

R: La gente vive de manera muy sencilla . En casas simples y muchos de ellos aún tienen pisos de tierra. Algunos tienen electricidad, pero no todos. La gente aún tiene que ir a los posos por el agua.

P: ¿Qué aprendió de este viaje?

R: Aprendí la profundidad de la fe de la gente, la belleza de su fe y su amor por la Iglesia. Su disponibilidad de caminar una hora o dos para ir a Misa dice mucho sobre su compromiso con el Evangelio y su amor real por la Eucaristía.

Celebré el sacramento de la Confirmación con un grupo y también visité una de sus pequeñas comunidades de fe. Para mí fue increíble escuchar su testimonio y saber cuán profunda es su fe.

P: ¿Qué le gustaría que la gente supiera sobre Tanzania?

R: Ciertamente, sobre la belleza de África y la fortaleza de la vida familiar, la hospitalidad de la gente, su calidez y su generosidad.

Q: ¿Qué se lleva de esa experiencia?

A: La experiencia de la universalidad de la Iglesia. Además, la belleza de los africanos, su generosidad, amabilidad y personalidad, y la belleza natural de África. Eso siempre te lleva a Dios.

P: ¿Hay algo que quiera agregar?

R: Volvería en un abrir y cerrar de ojos. África es un lugar maravilloso para visitar, especialmente si deseas ver el testimonio de una fuerte vida familiar y de una fe profundamente vivida, y de cómo estamos unidos en una sola fe como católicos con otro país muy diferente al nuestro.

P: ¿Qué pueden aprender los católicos de este país y de sus hermanos y hermanas en África?

R: El ejemplo de cómo viven su fe y hacen grandes sacrificios por ella. Además, su generosidad con lo poco que tienen.

La música durante la Misa fue absolutamente espectacular. Cantaron con sus corazones; eso fue muy, muy poderoso, dando esa alabanza y adoración a Dios.

Próximamente: “Bautiza a tu hijo”, insistió su amiga. Hoy él es sacerdote.

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Foto de Andrew Wright. De izquierda a derecha Angela Brown, el padre Angel y María Delfin.

Ángela y María eran dos grandes amigas cuando estudiaban en la escuela Estudios Espaillat de Santo Domingo, República Dominicana. Cuando cursaban 6 y 7 octavo respectivamente quisieron hacerse una promesa mutua, algo así como un pacto de amistad: “cuando tenga mi primer hijo, tú serás la madrina”.

En la foto se ven Ángela sosteniendo a su hijo Ángel el día de su Bautizo.

Pasaron los años, se graduaron de secundaria, cada una tomó su rumbo y María pasaba la mayor parte del tiempo en los Estados Unidos. Era 1987 y Ángela esperaba su primer hijo. María se enteró del embarazo de Ángela y no olvidó su promesa. “¿Cuándo será el Bautizo?”, le preguntó. La pregunta tomó por sorpresa a Ángela. No tenía entre sus planes bautizarlo. Ni siquiera ella había recibido este sacramento. “Cuando pensé que María podía ser la madrina de mi hijo, lo veía más como un compromiso social”, confesó Ángela a Denver Catholic en español. Sin embargo, tras la insistencia de su amiga, esta mujer decidió bautizar a su hijo cuando tenía 17 días de nacido.

María regresó a los Estados Unidos y no volvió a saber nada de Ángela ni de su ahijado. Meses después se mudó definitivamente a este país.

Una vocación que floreció

Ángel creció alejado de la Iglesia pero aún así se veía en él un espíritu solidario y abnegado. “Cuando él tenía entre 3 y 5 años, noté que poseía una bondad poco usual a esa edad”, confiesa su madre.  “Le encantaba compartir sus juguetes con otros niños, no para él jugar, sino para que ellos jugaran”.

Cuando Ángel tenía 14 años un grupo de misioneros tocó la puerta de su casa. Querían invitarle a él y a su familia a una catequesis del Camino Neocatecumenal. Así, tanto él como su madre comenzaron un itinerario de fe. Ángela fue bautizada después y se casó por la Iglesia.

En 2008, el joven participó en una peregrinación a Nicaragua y allí sintió que Dios lo llamaba a ser sacerdote. Le asignaron el seminario Redemptoris Mater de Denver como su lugar de formación. Llegó en enero de 2011, luego de haber estudiado dos años en el seminario de su ciudad natal.

“El buen Dios, que ya lo había elegido, puso a María en mi vida para que con urgencia él recibiera el primer sacramento de iniciación cristiana”, reconoce la madre del hoy padre Ángel.

Y retomaron el contacto

María, su madrina, hasta el momento desconocía el paradero de Ángel. “No viajaba con frecuencia a Santo Domingo. Hace dos años estuve allí y fui a visitar a la madre de Ángela pero justo había salido. La esperé un rato pero no regresó. No tenía cómo retomar el contacto”, comparte.

Y cuando Ángel ya estaba terminando sus estudios en el seminario su madre se propuso buscar a María a través de las redes sociales hasta que la encontró. Meses antes de la ordenación sacerdotal Ángela le comunicó a María un deseo que su hijo tenía: “Él quiere que tú estés presente cuando reciba el sacramento del orden”. María se sintió un poco avergonzada, pues no lo acompañó como madrina durante todos estos años. Aún así decidió viajar con su esposo Julio desde Orlando – Florida, donde residen actualmente. “La noche anterior no dormí bien, estaba muy emocionada y nerviosa. La última vez que lo vi fue el día de su Bautizo, hace 31 años”, confiesa.

El día antes de su ordenación, ella llegó con su esposo al seminario Redemtporis Mater, “entré al comedor y ahí lo vi, junto con varios seminaristas, le dije: ‘Soy tu madrina’ y él me abrazó”, comparte María mientras dejaba escapar un par de lágrimas.

El padre Angel Miguel Pérez-Brown se ordenó el pasado 19 de mayo en la catedral- basílica Immaculate Conception de Denver, Colorado junto con otros cuatro nuevos sacerdotes.  “No recuerdo haberme sentido tan feliz como hoy”, dijo María horas después de la ceremonia.

“Él pensaba ser ingeniero”, recuerda su madre. “Si yo hubiera asistido a su graduación me sentiría muy complacida pero me complace doblemente verlo como sacerdote porque su misión es salvar almas y hacer que las personas intenten ganar el cielo”.

El nuevo sacerdote asegura que su madrina “ayudó a plantar esta semilla” por eso él quiso “que ella fuera testigo de los frutos que ha dado”. “Si ella no hubiese influenciado a mi madre quien sabe dónde estaría hoy”, confiesa.

Al despedirse de María cuando se marchó de regreso a Orlando, el padre Angel le dijo: “Ya tuviste como madrina 31 años de vacaciones. Ahora por favor acompáñame rezando por mí, porque solo con la oración podré ser un sacerdote fiel”.