¡Acepten el reto de seguir a Cristo!

Grupo de catequistas presente en el Encuentro

Cerca de 480 jóvenes de diferentes parroquias de la Arquidiócesis de Denver participaron en el Encuentro Juvenil de Adolescentes realizado el pasado 7 de marzo y que tuvo como título la pregunta ¿Rechazado?

El encuentro estuvo organizado por la pastoral juvenil del Centro San Juan Diego y contó con diferentes actividades como conferencias, diálogos por grupos, música, alabanzas, dinámicas, adoración al Santísimo Sacramento, confesiones, misa, testimonios de algunos jóvenes acerca del valor del perdón.

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Jóvenes de la parroquia Queen of Peace

Este año el encuentro de jóvenes fue bilingüe, lo que permitió una mayor cercanía a los adolescentes hispanos ya que la mayoría dominan mejor en ingles por ser el idioma que hablan en sus escuelas.

La principal conferencia estuvo a cargo de Elias Moo, director de la escuela católica Saint Rose of Lima, con gran experiencia en pastoral juvenil. Elías les planteó a los jóvenes la aventura de seguir a Cristo, en un país y una cultura diferente a la de sus padres. Les advirtió de los peligros de los sucedáneos que ofrece el mundo y que los puede alejar del sentido de su vida.

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Jóvenes adultos trabajaron como voluntarios para hacer posible este encuentro

El segundo tema se brindó por separado a  los hombres y mujeres. Juan Carlos Reyes, director de servicios familiares del Centro San Juan Diego, y Lauren Castillo, coordinadora regional de Students for life, hablaron sobre el valor de la castidad y los desafíos y tentaciones a los que se enfrentan los jóvenes hispanos en Estados Unidos.

La misa de estuvo celebrada por el padre Joseph Mary Elder quien les habló de la necesidad de ser fieles, aun cuando en medio de la lucha todo parezca nublado.

Así, en un ambiente de alegría, recogimiento y mucha fe los jóvenes pudieron tener un momento de encuentro, de saber que no están solos en la lucha y de que hoy en el siglo XXI, en su condición de inmigrantes y en un país como Estados Unidos, también es posible ser santos.

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.