¡Ayúdame a llegar al cielo!

Lara Montoya

“No te despidas todavía”, me decía Marito unos días antes de morir. Ambos sabíamos que la muerte estaba cerca, pero cada minuto que Dios le concedía era muy valioso. Le era difícil partir, dejar atrás, esposa, hijos, familia, amigos…su vida. Yo sólo quería que supiera lo mucho que lo amaba y lo agradecida que estaba por todo lo que me enseñó, por todo lo que me dio, por todo lo que vivimos juntos. “¡Ayúdame a llegar al cielo!” le repetí muchas veces.

Todo lo aprendido, recibido, vivido, todo, cobraba un sentido profundo. ¡Marito se estaba jugando el todo por el todo!

Hacían ya dos años que a Mario le detectaron cáncer al páncreas. Recuerdo vivamente cuando le pidieron ir al hospital a realizarse una operación para remover lo que pensaban era una piedra en el ducto biliar. “Tengo miedo”, me dijo. Yo no le hice mucho caso, pensando que sería algo sencillo y todo volvería a la normalidad. Marito lo intuía, pero yo no sabía que sería el inicio de un camino que transformaría nuestras vidas.

De pronto nos encontramos viviendo una realidad que pensábamos lejana. Nacía en nuestros corazones la urgencia de pedir oraciones a muchos. Éramos conscientes de que necesitábamos de la fuerza de Dios para recorrer este camino. Y fue como si Dios se hubiese inclinado sobre nosotros para sostenernos en un abrazo. La gracia estaba allí y muy fuerte. Siempre nos sentimos profundamente amados y supimos que todo esto tenía un
sentido. No todo estaba claro en ese momento, pero nos aferramos a la cruz.

¡La cruz! ¡La cruz que purifica y salva! Marito supo abrazarse a la cruz con valentía, con generosidad, con amor. El camino no fue fácil, fueron muchos días de incertidumbre, de visitas a médicos y al hospital; de someterse a distintas intervenciones, tratamientos y pruebas… pero Mario
era fuerte y nunca perdió la esperanza, fuente que le permitía irradiar alegría en medio del dolor. Recuerdo conmovida la respuesta que después de su primera radiación le dio al doctor cuando éste le preguntó ¿Cómo se sentía? “¡Estoy radiante!” dijo.

Fueron dos años en que Mario vivió la mortificación, sufriendo pacientemente. Nunca se quejó. Dócilmente adhirió su dolor al misterio de la cruz y se dejó transformar por él. “Si tú por ventura mil cruces recibes, alaba esa suerte de males benditos; te acercan a Aquel que habitó entre los hombres, Aquel que murió para llevarnos al cielo”, cantó muchas veces Mario en su vida.

Todos pedíamos un milagro, pedíamos su curación, y lo hicimos con fuerza hasta el final. Pero el Señor estaba transformando la vida de Mario a un nivel más profundo. “Ya entiendo”, me dijo un día: “¡El milagro es que Dios me ha salvado!” Marito se había unido aún más a Dios, abrazando su cruz. Y esa unión con Dios fue para él, el verdadero proceso de curación.

Los últimos días de su vida, abrí de par en par la puerta de mi casa. Nuestra comunidad de amigos llenaba su cuarto con canciones y oraciones. ¡Aquella comunidad en la cual Mario y yo nos encontramos con el Señor Jesús y en donde nuestra fe se hacía vida! Marito estaba acompañado,
rodeado de amigos, envuelto en amor. “¡Tener una comunidad de amigos es tener un pedacito de cielo en la tierra!” nos dijo a todos un día. ¡Nos sentíamos en el cielo!

En medio de esos días en que mucha gente vino a rezar por él, el Señor preservó con mucha delicadeza un momento especial para Mario y para mí. Fue la mañana del quince de diciembre. Marito esperaba ansioso a que abriera mis ojos. Respiraba con dificultad, pensé que necesitaba su medicina…le di un beso y me quedé a su lado. El Espíritu Santo suscitó en mí leerle la Biblia. Imbuidos en la presencia de Dios, abrí al capítulo 11 de San Juan. Nuevamente el Señor nos recordaba su Palabra de amor en el pasaje que había acompañado a Mario durante toda su enfermedad: “Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado en ella”. “Yo soy la resurrección, el que crea en mí, aunque muera vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?” Al terminar de leer y al abrazarme a él, Marito expiró. La presencia de Dios era muy fuerte ¡y yo pude tocar la eternidad!

Marito no sufrió en vano, su dolor fue muy fecundo, ha sido fuente de innumerables bendiciones para mí, para mis hijos y para muchos otros. “No hay cristianismo sin cruz”, me repetía muchas veces. “Todo con alegría”, me enseñaba; alegría profunda que inunda el corazón, en medio de un dolor que desgarra.

Varias veces le pedí a Marito que les dejara algo escrito a sus hijos, pero les dejó algo mucho mejor. Les escribió con su vida, fuerte y claro, que ¡Dios existe, que Su amor es real, que salva y ue es más fuerte que la muerte!

¡Te amo Marito!

* Alexandra es viuda de Mario Salazar y madre de 4 niños: María, José, Ana y Francisco. Es miembro del Movimiento de Vida Cristiana.

Próximamente: Pastores en la calle

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Por: Roxanne King

En los últimos años, el Camino Neocatecumenal, un carisma de la Iglesia Católica que tiene como objetivo dirigir a la gente a madurar en la fe cristiana, ha anunciado, durante la Pascua, la Buena Nueva de Jesucristo en plazas públicas a través de la arquidiócesis. Este año, por primera vez, el proyecto de evangelización “Great Missión” (“La gran misión”) tuvo lugar en 16th Street Mall en el centro de Denver.

Desde el inicio, hace 35 años, el 16th Street Mall ha permanecido como una de las principales atracciones para los visitantes, donde llegan tanto turistas como personas del lugar al corredor de una milla de largo, que ofrece una variedad de restaurantes, tiendas y negocios.

“Era el lugar perfecto para la Gran Misión, dijo el sacerdote de Denver Grzegorz Wojcik, original de Polonia, quien fue parte del equipo del camino en la parroquia St. Louis en Englewood, y que anunció la Buena Nueva en el centro comercial. “¡Fue estupendo…enseñar [a la gente] que la Iglesia los está buscando”! dijo el Padre Wojcik, quien hoy es el párroco de St. William en Fort Lupton. “Esto demostró que aún en Denver, una ciudad moderna, Jesucristo va hacia ellos.

El 14 de mayo, el quinto domingo de Pascua, el equipo de Great Mission llevó a cinco sacerdotes católicos, quienes ofrecieron confesiones en el centro comercial.

“Nunca he visto eso antes, que el sacramento [de Reconciliación] venga a las calles”, dijo Flora Potter, miembro del equipo de Great Mission a quien se le asignó sostener una pancarta que decía: “Confesión disponible con un sacerdote católico, HOY”.

“Fue el momento de evangelización más increíble que he experimentado”, dijo Potter. “Llevar el amor de Cristo a la gente en la calle ¡Pastores, que huelen a oveja!”.

“Mientras la gente leía las palabras en la pancarta, sus caras expresaban sorpresa, incredulidad, tristeza, sufrimiento, alegría, ira, dolor, deleite, disgusto y gratitud ¡Me di cuenta de que esto era verdadera evangelización!”, dijo Potter.

“Fue llevar a Dios a las calles”, añadió, “donde la gente pudiera verlo”. El padre Wojcik dijo que la experiencia le recordó escenas de las Escrituras donde la gente pasa por su vida cotidiana y de repente, Cristo aparece.

“Jesús estaba presente ahí,” dijo el padre Wojcik. “Él los estaba buscando. Estaba dando felicidad, la oportunidad de ser libres”.

A pesar de la disponibilidad abundante de los sacerdotes, el padre Wojcik dijo que solo unas 20 personas aprovecharon la confesión.

“Las pocas personas que vinieron, a pesar de las distracciones del 16th Street Mall, fueron increíbles”, dijo.

“Fue un privilegio llevar a cabo este anuncio que cambia vidas”, afirmó. “¿Cómo puedes vivir de la misma manera después de saber que Jesús está aquí en 16th Street Mall, entre las calles 16th y Champa?”.

La mayoría de los transeúntes, dijo el sacerdote, consideraron curioso y entretenido el esfuerzo de evangelización.

“Algunos se pararon por un minuto o dos”, dijo. “Muchos tomaron fotos, pero muy pocos se quedaron a escuchar. Fue un gran descubrimiento: de que Jesús es como un espectáculo, como si no lo necesitaran. No hay tiempo para Jesús, tengo que vivir mi vida”.

Lo que pudo parecer tonto para muchas personas, no lo fue para el equipo de evangelización. “Pudimos hablar con estudiantes, indigentes, veteranos viviendo en casas de refugio, gente que vive en el centro que son afluentes”.

“Gente de toda clase social pasa por ahí”, dijo Sue Van Doren, coordinadora del equipo de 13 miembros de Great Mission de 16th Street Mall, que cuenta con el apoyo de una comunidad de unas 40 personas.

“Estamos anunciando la Buena Nueva de que Dios te ama y te conoce por tu nombre”, dijo. “Hubo oración, cantos y bailes -la gente de nuestra comunidad hablaba conaquellos que estaban en la calle ¡Fue maravilloso!”.

El esfuerzo no fue para hacer proselitismo o para o hacer nuevos miembros del Camino o católicos conversos , dijo el padre Wojcik.

“Fue para mostrar el rostro de Jesucristo”, dijo. “Para anunciar el Evangelio. Fue la Iglesia presente, recordándole a la gente el amor de Dios”.

“Como un faro que ilumina a los barcos que están en el mar”, añadió, “la gente no tiene que venir [a la Iglesia], si no que necesitan ver a Cristo [para que] puedan ser salvos”.

Traducido del original en inglés por Mavi Barraza.